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La Vida sábado, 06 de marzo de 2021

DOS MINUTOS

Confianza y respeto

  • Confianza y respeto
LUIS GARCÍA DUBUS
Santo Domingo

La verdad es que mamá era fuerte, es decir, muy rígida. Y papá ni se diga. En casa había que andar derecho.

Muchas veces me parecía que eran demasiado estrictos, demasiados exigentes...”

“Sin embargo, señores, ahora que soy mayor, comprendo que gracias a esa educación tan recta que me dieron, es que he podido llegar donde he llegado en la vida...”

¿Qué quién dijo esas palabras...? No recuerdo con exactitud todos sus nombres, las he oído cientos de veces. ¿Las ha oído usted?

Parece ser un común denominador entre la gente de éxito, el haber tenido que superar obstáculos durante su niñez y/o adolescencia.

Veamos un caso inverso.

A un joven le ofrecieron un cargo de cierta importancia, no se atrevió a aceptarlo porque –según dijo –“no estaba acostumbrado a tanta responsabilidad ni a tanta presión, porque en su casa se lo habían dado todo”.

Los padres de las personas de éxito, por el contrario, son personas que se respetan y se hacen respetar.

En esas casas se respira un ambiente de responsabilidad, dentro del cual cada uno conoce sus derechos, y también sus deberes.

El Señor nos presenta en el evangelio de Juan 2,13-15, como un Padre que se respeta y se hace respetar.

Agarró unas cuantas sogas, tejió un látigo, y les entró a fuetazos a los que usaban el templo para vender vacas y cambiar monedas, diciéndoles:

“Mi casa es casa de oración, pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones.” (Mateo 21,13)

En otras palabras, “a mí hay que respetarme, y esta casa se respeta.”

Amigos de dos minutos, debemos copiar al Señor y darnos el derecho a decir lo mismo:

“A mí hay que respetarme, y esta casa se respeta porque es mi casa”

Naturalmente, al decir esto tendrá que presentar una conducta en su vida que lo haga merecedor de ser respetado. Tiene usted razón: lo primero que tiene que hacer es respetarse a sí mismo. Un buen padre y madre, pone orden en su casa.

Con cuánta frecuencia vemos a padres que no disciplinan a sus hijos. Y dicen: “no quiero que pase los trabajos que pasé yo, el pobre…”

Les cogen pena. Luego, de adolescentes, les cogerán miedo...

La pregunta de hoy: ¿Acaso complacer no es amor?

Complacer en todo no es amor verdadero, sino deficiencia emocional de los padres. Es no atreverse a hacer frente a su obligación.

La Biblia nos dice “si tienes hijos, edúcalos... (no seas flojo con ellos)”. (Eclo 7,23)

“El Señor educa a los que ama”. (Hebreos 12, 6).