FOLCLOREANDO
¡Xiomarita, tú eres famosa!
¿Famosa yo? Famosas son las personas que tienen un historial no muy bueno. Prefiero que me digan que soy popular. Tampoco me gusta que me cataloguen de “influencer”, porque no promuevo nada que no consuma ni tampoco que sea dañino en cualquier renglón. Las redes están repletas de personas que no les importa promover artículos, alimentos, etcétera, porque lo importante es el dinero que puedan pagarles y nadie dice nada.
¡Xiomarita, eres folklorista! Tampoco me gusta, aunque muchas veces me publican así y no me siento cómoda. Más bien he adoptado “trabajadora del folklore”, “curadora de contenido” o experta en la transformación de la cultura, que he venido por mucho tiempo hablando, escribiendo y discutiendo sobre esos cambios que se dan que enriquecen o podrían afectar negativamente esos hechos folkloricos. También me gusta “recolectora de datos”, porque valoro esos archivos que poseo producto de la recopilación temática del folklore y que les facilita a los investigadores trabajar en sus proyectos.
¡Xiomarita, eres crítica! Me encanta que me lo digan, no soy complaciente. Soy respetuosa del otro, pero no me gustan los inventos. Algunas personas y colegas me catalogan de altanera, porque no me gustan los reconocimientos “pelao”, sin ninguna justificación, solo la de estar en una lista de gestión empresarial o institucional, pero no critico a las que lo reciben. Critico esos videos realizados a los portadores de tradiciones, cuyos escenarios o elementos que giran alrededor de los mismos no van acordes con lo que proyectan y nadie dice nada.
Critico también a algunos que viven fuera del país, que son más nacionalistas que los que residimos en el mismo, que hacen actividades sin criterio, no indagan, no leen, no vienen al país y quieren que les demos el visto bueno como las personas más dedicadas a la cultura, pero están fosilizados, porque lo único que ven en la televisión es a la doctora Polo. Otros están muy interesados y tienen un cargo en el exterior, pero lo que devengan no da ni siquiera para los honorarios del tallerista invitado y nadie dice nada.
¡Así no se trabaja la cultura!

