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La Vida martes, 27 de octubre de 2020

¡La inocencia en peligro!: Historia de una niña en las redes

  • ¡La inocencia en peligro!: Historia de una niña en las redes
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  • ¡La inocencia en peligro!: Historia de una niña en las redes
Marta Quéliz
Santo Domingo, RD

 Tiene 12 años, y un ros­to que muestra que ya posee cédula de iden­tidad y electoral. Ha­bla como lo que es, una niña; pero sus temas son de adultos. Viste con ropa de talla pequeña, pero con el estilo de una “mujer hecha y derecha”. En reali­dad, la protagonista de esta histo­ria es el vivo ejemplo de muchos otros casos de menores que están viviendo una vida por encima de su edad.

Ella dedica hasta ocho horas de su día a día para hacer Tik Tok. Durante la pandemia ha aumentado su tiem­po de “trabajo”. “Tú sabes, yo me in­vento muchas cosas chulas para mis seguidores, porque tengo muchos. Yo misma me creé la cuenta, pero el tío mío es mi manager”. Así comenzó ha­blando la menor que entra a la escue­la el dos de noviembre próximo.

Su pantalón jean ajustado has­ta más no poder, su blusa amarra­da a la cintura y su pelo riso peina­do al descuido dejó claro que los reporteros de LISTÍN DIARIO es­taban frente a una niña atrapada en el cuerpo de una mujer adulta. Por su ‘feeling’ se puede advertir que hay quienes la han confundi­do con una joven mayor de edad. En efecto es así. Ella lo confirma. “Sí, a mí me enamoran mucho y me dicen cosas, pero no les hago caso. Lo mío es puro relajo”. Al de­cir esta parte agacha la mirada y, en los puntos suspensivos queda otra respuesta.

Obviamente, por la mente de esta niña o preadolescente, tal vez no pasa la palabra ley o san­ción. En cambio, sí conoce al de­dillo todas las redes sociales, có­mo funcionan, cuál es más efectiva para cada objetivo y, sobre todo, cuántos seguidores tiene en cada una. Las redes son el escape pa­ra ella “botar el golpe”. Lo dice en una palabra no publicable. Sí, por­que también dice malas palabras. Ahh, y en algunos de sus mensa­jes en sus cuentas, también las usa. La idea no es juzgarla, es una niña, pero sí hay que hacer notar el ries­go a que se avoca con esta actitud.

Pero, a LISTÍN DIAIRIO, como medio de comunicación, no le luce ignorar las leyes. Por eso no utiliza ni el nombre ni la fotografía de la protagonista de esta historia, que se convierte en representante de los miles de niñas, y hasta de be­bés que disponen de una cuenta en distintas redes sociales.

Este medio está claro que, en el Artículo 26 del Código para el Sis­tema de Protección y los Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes, sobre el Derecho a la Protección de la Imagen, se estable­ce que: Se prohíbe disponer o divul­gar, a través de cualquier medio, la imagen y datos de los niños, niñas y adolescentes en forma que puedan afectar su desarrollo físico, moral, psicológico e intelectual, su honor y su reputación, o que constituyan in­jerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada e intimidad familiar o que puedan estigmatizar su conduc­ta o comportamiento.

Sobre esto están ajenos sus fa­miliares. Su madre: “Ya yo no pue­do con esa muchacha, y el papá ni se diga. Estamos hartos de hablar con ella para que deje su ‘loquera’ por esas fuñías redes. Yo a chepa tengo Facebook y ni lo uso, y ella desde que se levanta es pegada a ese aparato”. Así de sencilla es la salida que ella le busca a este, que es un problema serio. Se limitó a darle permiso a su hija para contar su historia y, haciendo ademanes, que significan que ya se cansó, no solo de lidiar con su niña, sino también con los reporteros, cami­na de prisa y entra a la casa de una vecina. Ese dato lo ofreció el tío que “patrocina” a la menor.

“Eso no es nada malo”

Esta fue la primera expresión del pariente que apoya “la fama” de la chica. Con su gorra colocada a la inversa, un tatuaje en su brazo izquierdo que dice: “Soy el me­jol”, así con ‘l’; una camiseta ne­gra y un jean desgastado que de­ja sin cubrir más de la mitad de su ropa interior habló con el equipo de reporteros. “No sé por qué la gente se mete tanto en lo que no le importa, porque qué daño hace eso. Ella lo que hace es chiste pa­ra que la gente sea feliz sobre todo en estos momentos, y que ocupe su tiempo y no se entrometa en vi­da de nadie”.

El boche fue bien recibido y res­pondido, por supuesto. La contes­ta se le ofreció explicándole so­bre la sanción que establece la ley. “¿Usted está enterado de que, por publicar un menor de edad, como usted lo está haciendo, podría ser castigado con penas de reclusión de dos a cuatro años y multa de tres a diez salarios mínimos?”. Él también respondió: “No ombe no, eso no se cumple aquí”.

En esto tal vez tenga razón, por­que a diario son expuestos a través de distintas redes sociales, muchos niños, y sus padres no parecen estar interesados en detener esta prácti­ca. Hay estados de WhatsApp, por ejemplo, donde se muestra a niñas y niños en ropa interior, bailando o haciendo alguna curiosidad y, co­mo las autoridades no tienen todos los números de teléfonos de la po­blación, pues eso queda “en daño y perjuicio”.

Este comentario le correspon­de a José Luis Rosario, sociólo­go, especialista en familia. Él es jocoso y, aunque el tema no es para nada gracioso, tiene una forma amena de evidenciar lo que sucede en la actualidad con las redes sociales y los menores de edad. “Mire algo, aquí está pasando que muchas madres, que muchos padres se han enfo­cado más en su progreso, en la búsqueda del sustento de la fa­milia… y para ello están usando erróneamente, la permisividad. Le plantan una table o un celu­lar al muchacho y ya salieron de ellos, y así no se cría, no se for­ma, no se educa en valores”, en­fatiza con voz enérgica.

Para Rosario es de suma im­portancia que en República Do­minicana se dé un ejemplo. “Pero no es sometiendo a Don Miguelo y al día siguiente po­nerlo en libertad. Es sancionan­do a los padres, a la familia que, como en este caso, permite que una niña de 12 años se expon­ga en las redes dizque haciendo Tik Tok con una vestimenta insi­nuante”.

Para dar peso a su considera­ción, cita que en el Código de Ni­ños, Niñas y Adolescentes se de­fine y establece la protección integral de los derechos funda­mentales de éstos, regulando el papel y la relación del Estado, la sociedad, las familias y los indi­viduos con los sujetos desde su nacimiento hasta cumplir los 18 años de edad. “Es decir, que todos somos responsables de este des­gaste de valores que estamos en­frentando”, comenta,

 VOZ EXPERTA

En lo que tiene que ver con la Psicología, también LISTÍN DIARIO se interesó. “La expo­sición inadecuada de los me­nores de edad en las redes so­ciales o medios de comunica­ción, puede repercutir en la vida adulta de los niños y las niñas que hoy son víctimas de este tipo de práctica. El acoso o critica que puedan recibir a través de esa vía podría inter­ferir en su conducta y en su crecimiento emocional”. Esta es la opinión de la psicóloga Olga María Renville.

Como un gran riesgo define la especialista la exposición de los menores de edad en las redes sociales. No le agrada que los padres o tutores descuiden la in­fancia de los niños y las niñas, ya que durante esa etapa se defi­nen tantas cosas en los menores. “Y por más que todos seamos responsables, la familia, que es la que está más cerca de su de­sarrollo, de su crecimiento emo­cional... es la llamada a proteger de primera mano a esos meno­res”. Lo expresa y exhorta a es­tar más pendiente de lo que ha­cen sus hijos.

La historia aquí contada dis­ta mucho de lo que Renville quiere para los menores. La ni­ña que, como muchas otras de sus amigas, se dedica a hacer Tik Tok y a darle seguimiento a cuántas redes sociales exis­ten, no parece haber quedado convencida de que a su edad debería estar más concentrada en sus estudios. “Cuando en­tre a la escuela, entré y punto. Mientras tanto, me entretengo con esto y metida en las redes. No hay de otra”. Así contestó a una sugerencia hecha para que baje la intensidad a su presen­cia en las redes sociales.

Y concluyó la entrevista que le cedió a este medio, diciendo: “Hay adultos haciendo cosas peores. Atracan, roban y ma­tan, y nadie dice ‘na’. Lo dijo y no dejó más opción que dar la espalda aquella historia que re­fleja la situación de peligro en la que viven muchos menores de edad sin sus familiares pon­gan un alto y las autoridades tomen acción.