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La Vida viernes, 10 de julio de 2020

COSAS DE DIOS

Los mosquitos

  • Los mosquitos
Alicia Estévez
[email protected]

Vivo en el último piso de un edificio, de manera que no me perturban tanto los mosquitos como les ocurre a otras personas que residen en lugares más bajos. Por fortuna, esos insectos son poco comunes en casa, excepto, si llueve. En esos casos, se convierten en un problema para áreas específicas.

En el santuario
Resulta que la humedad hace que los mosquitos penetren por la ventana de mi baño y vayan a parar a mi habitación, donde acostumbro a trabajar en la computadora. Ese lugar es un santuario de paz, que solo lo interrumpen mis hijos, y mis dos perro, en especial, Gouda, el buldog, que entra a saludar, como una tromba, cuando lo llevan a pasear. Ya imaginarán ustedes que esas interrupciones son bien recibidas, no así las de los mosquitos, el tema de esta columna.

Una molestia
Pues, como les contaba, cuando llueve, estos pequeños molestosos penetran por mi ventana y se convierten en un problema. Zumban por aquí, pican por allá. Y como soy alérgica a sus picadas, su presencia representa una tortura. Logran sacarme de concentración, pues me obligan a buscar ungu¨ento, para aliviar las ronchas. Hasta he recurrido a un insecticida, a fin de eliminarlos, que luego descarté por el tema de que mantengo las ventanas del cuarto cerradas y no puedes encerrarte para respirar veneno. En fin, que los mosquitos incordian, y no crea que estoy hablando de un batallón.

Aliados
Lo común es que se trate de dos o tres mosquitos molestosos, que parecen aliarse para atacar. La última vez, eran solo dos. Y, durante un par de días, estuve persiguiéndolos. Pero trabajar ante una computadora, durante casi 30 años, cobra su factura, y mis ojos ven cada vez menos. Así que los necios mosquitos se burlaban de mis esfuerzos por cazarlos, durante toda una mañana en la que apenas pude trabajar. Al día siguiente, sentada frente al escritorio, volvieron, y me preparé para la misma lucha, con suerte, mataría alguno. Pero, entonces, ocurrió un milagro o, al menos, para no ser irreverente, un hecho afortunado.

¿Quién es el enemigo?
Cerca de mí, sin precaución alguna, vi acercarse uno de los mosquitos que parecía haber engordado, resultaba visible sin problemas. Cuando lo pude ver bien, me di cuenta que los mosquitos, en el amplio espacio de mi cuarto, habían chocado entre ellos y se encontraban peleando. De manera que, enfrascados en su lucha, ninguno de los dos se interesó en su objetivo, que era yo. ¿Usted qué cree que hice? Los eliminé. ¡Pobres mosquitos, perdieron de vista al enemigo! Pensé, luego, que el error de los mosquitos lo replicamos muchos seres humanos. ¿Verdad que sí?