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La Vida jueves, 09 de julio de 2020

FOLCLOREANDO

Me encanta el campo

  • Me encanta el campo

    Xiomarita Pérez

Xiomarita Pérez

Aunque la zona rural no es la misma que antes, me sigue gustando el campo. Pensé muchas veces hacer un lío para comprar una casita, pero luego reflexioné. ¿Se imaginan a este personaje en un campo en donde no conozco a nadie y que piensen que soy “italiana” por mi color indefinido, por no decir “jojota”, como decíamos en Puerto Plata a las personas blancas o “descoloridas”?

Prefiero ir de vez en cuando y disfrutar la carretera, porque además hay que tener recursos para mantenerla, que incluye trabajadores, aunque no estemos presentes. Tanto que me gustan las plantas aromáticas, los árboles frutales y siempre he vivido “encaramá”, excepto cuando era soltera o antes de contraer nupcias, que vivía por la UASD en el apartamento de la familia Padrón Natera, mi familia de corazón.

Quiero seguir caminando, escuchar el sonido de las aguas de los arroyuelos, aunque con poca agua, porque todo se transforma, pero todavía quedan vestigios que hay que aprovechar. Añoro la carretera turística Gregorio Luperón (antigua La Cumbre), cuando íbamos a la Capital desde Puerto Plata a visitar a los mejores médicos en ese entonces en la Clínica Internacional y en Santiago la Clínica Corominas.

Por eso es que hay que vivir la realidad del momento, porque el solo hecho de recordarme que de regreso de la Capital, los niños esperaban a mi padre Viterbo en el trayecto de “la Cumbre” para aparar las canquiñas multicolores, que con tanto amor les lanzaba.

Si los padres o adultos valoraran las visitas a lugares en donde la gente es feliz con lo que posee, porque es su realidad, los niños y jóvenes tuvieran más aprecio y respeto por esa gente iletrada, pero con una sabiduría envidiable. Todavía hay tiempo de conectar con ellos, no todo está perdido. Ojalá que luego de esta pandemia se haga más turismo interno, pero no necesariamente a los centros hoteleros, es ir a los lugares más recónditos, a compartir con la gente, que los muchachos pasen un chin de trabajo y observarán que nunca se olvidarán de esa experiencia.