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La Vida domingo, 03 de mayo de 2020

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La mejor vacuna contra la pandemia: Pensamientos desde casa

  • La mejor vacuna contra la pandemia: Pensamientos desde casa

    Mahatma Ghandi, Nelson Mandela y Martin Luther King Jr. Tres figuras que legaron lecciones de solidaridad.

  • La mejor vacuna contra la pandemia: Pensamientos desde casa
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  • La mejor vacuna contra la pandemia: Pensamientos desde casa
Nelson Fredy Padilla
Tomado de El Espectador de Bogotá
Santo Domingo, RD

Para aprender a ser realmente solidarios, ahora que el mundo más lo necesita, debemos inspirarnos en la vida de los grandes pensadores que se sacrificaron por el resto de la humanidad. “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”, decía Mahatma Gandhi (1869-1948), el indio más influyente de la historia contemporánea. Promovió la paz desde la armonía interreligiosa, en especial entre hindúes y musulmanes. Ayunaba y emprendía largas peregrinaciones para alentar la confianza entre ambas comunidades. Con esos mismos métodos no violentos luchó contra los británicos por una India independiente, igualitaria y unida. Es la misma filosofía de la Noviolencia, de prácticas simbólicas no confrontativas, que promovió y todavía defienden los seguidores del líder estadounidense Martin Luther King Jr. (1929-1968). Sí, a los dos los asesinaron por defender esas causas, pero nos mostraron los caminos para una sociedad más tolerante y solidaria en busca del bien para todos. No olvidemos que el discurso de King “Yo tengo un sueño”, donde nos advierte que “no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”. Llamado que recobra vigencia en un planeta acorralado por un virus y por la insolidaridad. King inspirado en Gandhi dijo: “no me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena”.

Parece que esta vez no podemos ser indiferentes ante una pandemia tan letal. Parece que de aquí puede surgir una sociedad más cooperativa y bondadosa. No es sólo caridad, generosidad y misericordia lo que la situación parece reclamar, sino una educación en la solidaridad que empieza en el hogar y se consolida en escuelas, colegios y universidades. Esa virtud emerge en las calles cuando alguien cede el paso en su vehículo o ayuda a quien lo necesita. La solidaridad no es sólo participar en una caminata, dar un mercado, es un compromiso de vida más urgente que nunca en un país lleno de víctimas de la violencia y marginados sociales. No es moralismo, es sentido común.

Y junto a Gandhi y King, quiero recordar al sudafricano Nelson Mandela (1918-2013), cuyas enseñanzas juntó en un hermoso libro el periodista Richard Stengel, redactor jefe de la revista Time y quien trabajó por más de tres años con el propio Mandela para escribir la biografía El largo camino hacia la libertad. Pero quiero citar seis lecciones en pro de la solidaridad que están en El legado de Mandela (sello editorial Temas de Hoy-Planeta):

“Liderar desde el frente”:
Tiene que ver con asumir tareas y riesgos sin protestar, como cuando en la cárcel Mandela -estuvo 27 años preso- nunca pidió un trato preferente y limpiaba los orinales de los guardias o de sus propios compañeros, incluso los que no le tocaba. Como cuando en las negociaciones con el gobierno blanco de Sudáfrica asumió la vocería de su pueblo para hacer la paz porque comprendió que no lograrían una victoria militar. Dirigir pero con sensatez y responsabilidad.

“Liderar desde atrás”:
Es su consejo cuando hay que saber delegar y trabajar en equipo. Mandela utilizaba como metáfora haber aprendido a lidiar un hato: “cuando quieres que el ganado eche a andar en una determinada dirección, te colocas en la parte de atrás con un palo, y luego haces que algunos de los animales más inteligentes vayan al frente. Así es como debe hacer su trabajo un líder”. El rey Jongintaba le enseñó no sólo a dar ejemplo antes que dar órdenes, sino a actuar con base en consensos.

“Meterse en el papel”:
Es entregarse a la causa social con el rigor con que él planchaba los trajes de su rey. Además de ser, representarlo. Por eso para él era clave la apariencia, la presentación, la actitud –caminar erguido y mirar hacia el frente-, el buen estado físico –odiaba tener barriga y hacía flexiones y lagartijas mientras pudo-, el buen vestir. Cuando empezó como presidente vistió trajes oscuros clásicos, cuando logró la estabilización y se consolidó el proceso de paz cambió a sus bellas y coloridas camisas con estampados africanos sin dejar de ser serio. En resumen, “la fuerza de la imagen” para acrecentar poder a través de una sonrisa disuasiva y de la liberación del rencor “olvidando el pasado” y conviviendo con sus detractores.

“Ten un principio esencial”:
Es que para Mandela la base de la vida tenía que ver con el cumplimiento de “la igualdad de derechos para todos, sin distinción de raza, credo o sexo”. Eso marcaba su filosofía de vida, su comportamiento diario hacia los demás. El resto, decía, “son estrategias” basadas en la confianza en sí mismo, en la autoestima, para alcanzar metas.

“Piensa bien de los demás”:
Es tal vez la lección más difícil de poner en práctica porque el libro demuestra cómo Mandela desarmaba a sus enemigos dándoles la palabra, sentándolos a su lado, compartiéndoles el poder, encontrando en cada persona el lado bueno más allá de los defectos. Siempre que citaba a alguien, decía: “de él tomé…”, refiriéndose a qué le aprendió. “Nadie es intrínsecamente malo”. Confiar en los demás sin ser ingenuo. “A la gente le parecerá que pienso demasiado bien de los demás… es algo que me parece provechoso… porque uno tiende a atraer integridad y honorabilidad. Yo así lo creo”.

“Busca tu propio huerto”:
Se refiere a que todo ser humano debiera cultivarse en lo personal y en lo colectivo. Él estudió horticultura y cultivó frutas y verduras en prisión para escapar al encierro y encontrarse a sí mismo. “Los hombres pueden cultivarse como plantas”, decía, sólo así pueden superar todas las tribulaciones y encontrar la armonía.

Estoy de acuerdo con el periodista Stengel en que “Mandela nos hace mejores personas”. También Gandhi y King y mujeres humanistas, ejemplos históricos de solidaridad, como las premios Nobel de Paz madre Teresa de Calcuta (1910-1997), la líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, la iraquí Nadia Murad y la paquistaní Malala Yousafzai.