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La Vida domingo, 23 de febrero de 2020

FILOSOFÍA DE VIDA

La megalomanía

  • La megalomanía

    Olga María Renville es psicóloga y terapeuta familiar.

Olga María Renville
olgarenville@hotmail.com
Especial para LD

Existe un trastorno que ha existido desde todos los tiempos, afectando sobre todo a líderes políticos, reyes, o personas vinculadas al poder.

Es interesante observar cómo en nuestros días es cada vez más frecuente encontrarnos con personas que padecen de megalomanía, independientemente de su relación con el poder, y pasan de forma desapercibida en ocasiones hasta gozando de la admiración de muchos.

¿Será que nuestra sociedad está transmitiendo códigos que promueven el desarrollo de estos rasgos patológicos en la personalidad, aceptando o aprobando estas conductas?

La palabra megalomanía deriva de dos raíces griegas que son “megas” (grande) y “manía” (obsesión). En este sentido podemos decir que la megalomanía es la obsesión por lo grande.

La megalomanía es un estado psicopatológico caracterizado por delirios de grandeza, poder, riqueza u omnipotencia. A menudo el término se asocia a una obsesión compulsiva por tener el control.

Dentro de la megalomanía por un lado pueden darse casos de quienes tienen rasgos o trastornos de personalidad megalomaniaca producidos por un exceso de narcisismo que les lleva a alterar la realidad. De otro lado, existen quienes padecen un trastorno delirante megalomaniaco, donde el pensamiento y las ideas de grandeza y omnipotencia forman parte del sistema emocional que dirige su conducta.

Esta alteración de la conducta debe producirse durante más de un mes para ser diagnosticada, y la persona en cuestión vive su vida a través de ideas delirantes y no es capaz de reconocer ninguna otra realidad.

¿Cuáles son los síntomas de la megalomanía?

En muchas ocasiones, resulta difícil detectar que una persona padece un trastorno de personalidad como la megalomanía, sobre todo cuando el individuo no considera que tiene un problema.

En tal sentido podriamos señalar algunos de los rasgos más comunes en las personas con trastornos megalomaniacos o megalomanía, con el objetivo de poder identificarlo:

- Ideas delirantes

- Aires de grandeza y superioridad.

- Narcisismo

- Socialmente pueden estar bien vistos y ostentar altos cargos, por ejemplo políticos.

- No suelen causar empatía.

- Complejo de inferioridad o superioridad, según el caso.

Las personas con rasgos megalómanos “creen que tienen una capacidad mayor de la que realmente tienen y eso hace que puedan llegar a puestos de poder o de más influencia. Además, socialmente están bien vistos y valorados, pero no son empáticos”.

Cuando se hace un análisis profundo en la personalidad de estas personas, se detecta que pueden ser individuos con muchas carencias y con un sentimiento de inferioridad o vacío desde los primeros vínculos con los padres. Las relaciones con los padres en la mayoría de los casos, son de muy poca afectividad positiva. Los padres, o no están presentes, o no son capaces de darse cuenta de las necesidades del niño(a), quien tiene que mostrar una imagen de sí mismo grandiosa para que el padre o la madre note su existencia.

Al igual que en la gran mayoría de los casos, lo más importante es tener un buen diagnóstico a fin de colocar un tratamiento apropiado a la persona que padece el trastorno.

En cuanto a la forma de tratar la megalomanía, son los psicólogos y psiquiatras, quienes deben evaluar cada caso e iniciar el tratamiento más adecuado.

Normalmente, el profesional suele confrontar a la persona con sus creencias e ideas las cuales no son ciertas, logrando así ayudarle sistemáticamente a ver la realidad. Es posible también que se indiquen fármacos para intentar reducir la intensidad de las ideas delirantes.

El apoyo familiar y el trabajo de un profesional competente en el área de salud mental es importante para superar este trastorno, pero sobre todo la colaboración de quien lo padece y su intención de superar esta situación.

Cada vez más se hace urgente realizar una revisión de los valores que promueve nuestra sociedad y observar más de cerca el desarrollo de la personalidad de nuestros hijos, ofreciendo la valoración adecuada y estableciendo vínculos familiares saludables.