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La Vida domingo, 19 de enero de 2020

TURISMO

El Havre, la "Manhattan en el mar"

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El Havre, la "Manhattan en el mar"

    Playa y acantilado de El Havre. Foto cortesía: Enrique Sancho/Rebeca Rodríguez.

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El Havre, la "Manhattan en el mar"
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El Havre, la "Manhattan en el mar"
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El Havre, la "Manhattan en el mar"
EFE / Omar Goncebat

En el siglo XX El Havre (el refugio, en francés) murió y renació, porque tras ser arrasada por las bombas al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1944, fue reconstruida con gran belleza y grandeza arquitectónicas, gracias al impulso del escritor, aventurero y ministro André Malraux y al innovador plan urbanístico del arquitecto Auguste Perret y su equipo.

Hoy esta ciudad, forma parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco (https://whc.unesco.org/es/list/1181) al destacar entre las urbes reconstruidas por su excepcional reedificación, que integra trazado urbano y las estructuras históricas precedentes, así como la arquitectura y  planificación urbanística de la posguerra. 

El gran artífice de la reconstrucción de esta ciudad normanda, situada a 200 kilómetros de París, en el estuario del río Sena a orillas del Canal de La Mancha, ? fue el arquitecto Auguste Perret (1874-1954) considerado ‘el padre del hormigón’, ya que utilizó este material como elemento constructivo, estructural y ornamental y, en algunos casos, expuesto desnudo al exterior.

NIEMEYER Y LOS IMPRESIONISTAS.

Entre las obras más representativas de Perret en esta urbe que cuenta con unos 180.000 habitantes, destaca la catedral futurista de Saint-Joseph, concebida como memorial a los caídos, con unos impresionantes vitrales de la artista Marguerite Huré, formados por más de 12.000 trozos de vidrio multicolor, según señala el experto en información turística, Enrique Sancho Cespedosa.

"Muy cerca está otro de los iconos arquitectónicos de la ciudad, obra del arquitecto brasileño Óscar Niemeyer: Le Volcan, un complejo cultural que consta de dos unidades independientes en forma de volcán, un centro de convenciones y un espacio escénico en el que también incluye se una espectacular biblioteca", apunta Sancho.

En esa zona está el lugar donde Monet pintó el mítico lienzo “Impresión, sol naciente”, y en otros rincones de la ciudad hay carteles con reproducciones de algunas pinturas en las que los impresionistas plasmaron, al aire libre, la belleza de El Havre y sus alrededores, como Etretat, Deauville, Honfleur y Giverny.

De hecho la ciudad es un referente del impresionismo,  ya que además de ser el ámbito creativo de muchos maestros de esa corriente artística, alberga el Museo de Arte Moderno André Malraux ( MuMa), un cuadrilátero de cristal en primera línea de donde se exhiben la segunda colección impresionista de Francia, con obras de Renoir, Pissarro, Monet y Raoul Dufy.

CIUDAD DE BELLOS MUSEOS.

Otro museo emblemático de la historia de El Havre es La Maison de l’Armateur, una casa-museo del siglo XVIII "que destaca por su composición interior, organizada alrededor de un pozo de luz central y situada frente al mercado central de la urbe, donde se pueden encontrar los mejores productos locales", informa Sancho.

"También vale la pena visitar ‘Le Salon des navigateurs’, un sorprendente museo de la Marina, combinado con una peluquería en funcionamiento, situado en el barrio de Saint-Fransois, que expone al visitante una colección de modelos de barcos y utensilios de peluquería escenificados en tres habitaciones".

Al salir del MuMa se puede admirar la escultura de 13 metros de alto “Catène de containers”, dos arcos hechos con 36 contenedores, obra del artista francés Vincent Ganivet, que destacan por su colorido y que es un emblema de la ciudad.

El paseo puede proseguir hacia los muelles industriales, reconvertidos en zona comercial y de ocio y donde, entre centros comerciales y salas de conciertos, destaca el complejo acuático de los Bains des Docks, compuesto por varias piscinas interiores y al aire libre, diseñadas por el arquitecto Jean Nouvel.

El bosque de Montgeon, es el pulmón verde de la ciudad, con una superficie de 270 hectáreas y un lugar ideal para evadirse, disfrutar de la naturaleza o practicar alguna actividad deportiva.

UNA MANHATTAN FRANCESA JUNTO AL MAR.

Las obras de Nouvel y otros grandes arquitectos contemporáneos como Reichen &Robert, autores de la reconversión de los antiguos muelles de la ciudad en el centro de tiendas, ocio y cultura Docks Vauban, sumados a las edificaciones neoclásicas y al concepto urbanístico de Perret, han hecho que El Havre merezca el apelativo de  ‘Manhattan en el mar‘, según Sancho.

Poco queda del viejo centro histórico de El Havre, pero este experto aconseja visitar la catedral de Nôtre Dame, mezcla de estilos gótico, renacentista y barroco, que data de finales del siglo XVI; la abadía de Graville, el edificio más antiguo en la ciudad, que combina a la perfección los estilos románico y gótico; así como la capilla gótica de Ingouville, del siglo XV.

El recorrido se puede completar con un paseo por los Jardines Colgantes y el Jardín Japonés, situado cerca del Gran Puerto Marítimo, el puerto francés con mayor tráfico de contenedores, y que, según afirma Sancho: "puede conocerse mediante una excursión que permite contemplar la ciudad vista desde el mar y contemplar de cerca a los colosales barcos portacontenedores".

El puerto deportivo, uno de los pocos de Francia en  aguas profundas y el único de la bahía del Sena con total accesibilidad las 24 horas con cualquier clima y sin limitaciones por las mareas, es otro de los atractivos imprescindibles para descubrir en la ciudad según la Oficina de Turismo de El Havre , LHENT, (www.lehavretourisme.com/es).

Al recorrer El Havre el visitante irá descubriendo los ‘gouzous’, grafittis de personajes sin rostro pintados en 2017 en el 50º aniversario de la reconstrucción de la ciudad, indican desde la LHENT.

"Se puede culminar la visita disfrutando de la cocina normanda, que destaca por sus pescados y mariscos. Algunos restaurantes emblemáticos de la localidad son: Chez André, Le Saison, Le Grand Large o Le Clapotis", añade Sancho.

“Para ver El Havre y conocer sus principales atractivos turísticos  es suficiente con dos o tres días, viajando a partir de la primavera y hasta final de otoño, porque la zona es un poco fría por la cercanía del mar y la altura, aunque como todas las ciudades puede visitarse en cualquier momento” concluye Sancho.