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La Vida jueves, 16 de enero de 2020

FOLCLOREANDO

Mi vida ha sido simple

  • Mi vida ha sido simple
Xiomarita Pérez
xiomaritabaila@gmail.com

Siempre me ha gustado salir con mis hijas, desde que ellas estaban pequeñas. Disfrutábamos hasta la lluvia, pero sin mojarse para que no me les diera “muermo” o un “apretamiento de pecho”. Si salíamos en guagua siempre estaba alerta para que les dieran un espacio en sus asientos a una persona mayor o con un niño. Lo que no soportaban era un carro oxidado o con los asientos rotos y menos cuando subimos un escalón económico, dos trabajos, y podía pagar siete taxis al día.          

Lo bueno de un momento difícil
Luego “la piña se puso agria” y de taxis bajamos a OMSA, imagínense desde Los Ríos, pero también lo “disfrutaron” (Ojalá que ellas no me lean). Un día una de ellas llegó con la sorpresa de que en la guagua una gallina que llevaba un señor puso un huevo y eso fue para ellas una sorpresa y para mí una felicidad y les dije en alta voz: ¡Ustedes ven, que en un taxi no hubieran visto eso!

¡Nos mudamos por el premio!
La cosa se apretó más y tuvimos que mudarnos a la Zona Universitaria, mientras los vecinos creían que me había sacado el premio ¡ja ja ja ja!

El Colegio Nuestra Señora del Carmen quedaba a cinco cuadras; el Domínico Americano cruzando la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); la Alianza Francesa creo que a cinco pesos; mi trabajo en el Departamento de  Relaciones Públicas de la UASD a doscientos pasos; APEC  a un carrito  y el Instituto Técnico Salesiano (ITESA) un viaje en la Ruta 31 de Caribe Tour, ¿qué más pedir?

¡Buscando soluciones!
Después que fueron terminando volví con mi familia “al campo” y ahí fue que compramos un carro para seguir con el trajín, la más grande en el “Aveo” color mamey con la más pequeña rumbo a ITESA y luego a depositarme en la UASD. Después de todos estos viajes tan deliciosos, ahora soy yo la que no se apea de un Uber, de un avión o del Metro de Santo Domingo.

Ahora les toca a ellas
Ya Bushwick en Brooklyn me queda chiquito, Harlem ni se diga. Ahora son ellas las que me sacan a pasear, incluyendo los bares y restaurantes que aparezcan por ahí. Y después ustedes no creerán que estoy viviendo el encanto de la vida simple, sin preocupaciones que me invadan.