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La Vida viernes, 18 de octubre de 2019

COSAS DE DIOS

Libres

  • Libres
Alicia Estévez
alicia.estevez@listindiario.com

Usa pantalones color azul eléctrico, rotos en las rodillas, igual a los de los adolescentes, y una blusa amarilla. Va peinada y maquillada con cuidado, complementa su look con un bolso de un color acorde con los pantalones. En conjunto, proyecta una imagen banal. Ha madrugado, apenas pasan de las siete de la mañana.

Sorpresa
Los padres de un colegio católico nos hemos reunido para orar por nuestros hijos. Entonces, la joven del pantalón hippie, que tiene a su cargo el tercer misterio del Rosario, me sorprende. En lugar de rezar sentada, como lo hicieron los lectores anteriores, se pone de rodillas ante Jesús sacramentado. Así permanece, orando con fervor, durante diez a Ave María, y desmonta mi impresión inicial. Observo a los presentes.

Estilos
El profesor de inglés, de semblante adusto, o el de matemáticas, amable y chistoso, rezan con los ojos cerrados sin importarles que sus compañeros los observen. Junto a mí, una chica, en ropa de hacer ejercicio, se amarró una camisa sobre el pantalón corto que lleva puesto. A su vez, una de las convocantes al Rosario va de punta en blanco, es obvio que de aquí sale para la oficina. Otra de las organizadoras, sin maquillaje y vestida con sencillez, se seca las lágrimas.

Servidor fiel
Y el guitarrista, un joven a quien encuentro siempre, donde se necesite una garganta y una guitarra para alabar al Señor, habla sin miedo de que Dios ha puesto en su corazón que presentemos antiguos matrimonios cuyas relaciones se han deteriorado.

Conocer la verdad
Y yo pensé en la libertad que nos da el ser cristianos. En esa fortaleza, esa independencia, que nos regala el saber que, al fin, encontramos la verdad. Que existe un Dios en el Cielo. Que somos su hechura y su proyecto más amado. Que, al final, todo esto que nos rodea es espuma, no importa mucho, y está bien que así sea porque lo esencial es otra cosa.

Y Él nos recibe
Ser cristianos nos da la libertad de orar, con los ojos cerrados y las manos levantadas, en medio de gente que nos mira con curiosidad. De decir “yo creo” cuando esas dos palabras parecen un insulto para otros o los mueven a burla. La libertad de ser cristianos es infinita, porque el bien, también lo es. Porque si encontraste el camino correcto lo puedes andar como te plazca, en tacones altos, tenis o con pantalones rotos en la rodillas. Somos libres, como nadie más, porque cuánto encadena esa supuesta libertad de los que no creen. Pero nosotros, repito, somos libres, en esa elección maravillosa de amar y adorar a Jesús, que nos recibe tal y como somos.