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La Vida miércoles, 18 de septiembre de 2019

FÁBULAS EN ALTA VOZ

Las consecuencias de un producto a vapor

  • Las consecuencias de un producto a vapor
Marta Quéliz
Martha.queliz@listindiario.com

Hace unos meses se me acercó una persona muy querida para externarme su malestar por haber sido desplazada en sus funciones por alguien a quien llamó “un producto hecho al vapor”. Me apenó bastante verla, si se quiere, derrotada. “Tú sabes que he entregado mi vida a esa empresa, me las he jugado todas por su bienestar, y he acumulado una experiencia que me hace merecedora de un ascenso no de un maltrato de esta índole”. Con estas palabras me resumió cómo se sentía, y créanme, lo lamenté como si hubiera sido a mí.                

Mi consejo
No tenía palabras para animarla, porque sabía que ella tenía sobradas razones para sentirse así. Sin embargo, ante su insistencia solo atiné a decirle: “En la vida todo hay que dejárselo a Dios. No importa cuán grande sea el cacareo de la gallina, hay que ir a ver la cantidad y calidad de los huevos que pone, para ver si realmente su llamado de atención hace justicia a su producción”. No sé de dónde me salió esta reflexión, el caso es que la dejé conforme. Culminé deciéndole: “El producto a vapor tiene sus consecuencias”.               

“Amiga, tú pareces adivina”
Con esta frase me respondió hace un par de días cuando me llamó para darme la buena noticia de que la habían ascendido y, que la persona que habían puesto por encima de ella “no dio pie con bola”. En ese momento me transporté a un lugar fabuloso donde las cosas hay que cocinarlas bien y siguiendo al pie de la letra las instrucciones de la receta para que el resultado satisfaga a los comensales y complazca los paladares más exigentes.                                                                

Sabrosa experiencia
Durante el viaje, logré una vivencia fabulosa. Aprendí que cuando Dios está de por medio con su justicia divina, no hay forma de fabricar un producto al vapor que no traiga pésimas consecuencias. Es en sus cálidas manos que hay que dejarlo todo. Es en su tiempo que es perfecto, que hay que esperar, y es en su misericordia que hay que confiar cuando la mano del humano atenta contra la sensatez, la humildad, el respeto y el amor al prójimo.

Un feliz regreso
Al retornar de aquella ciudad fabulosa, miré fijamente a mi querida amiga y vi en sus ojos la satisfacción de haber apelado a la fe para, sin mover un solo dedo, hacer frente a una situación de injusticia y de maltrato, de esas que se da en el trabajo, en la sociedad y con mayor énfasis, en la política, sin que quienes la proporcionan reparen en observar que: todo producto construido al vapor, por lo regular se esfuma y se consume para toda la vida.