Listin Diario Logo
19 de noviembre 2019, actualizado a las 01:24 a.m.
Login | Registrate
Suscribete al Listin Diario - News Letter
La Vida miércoles, 03 de julio de 2019

FÁBULAS EN ALTA VOZ

No hay a quién preguntarle

  • No hay a quién preguntarle
Marta Quéliz
martha.queliz@listindiario.com

La tecnología también ha ido acabando con una parte de la cultura dominicana que nos identificaba y nos diferenciaba del resto, pues éramos especialistas en preguntar direcciones al primero que se nos pasara por enfrente cuando andábamos perdidos. ¿Y sabía usted que hasta eso ha cambiado? Le informo que sí. Y lo más chulo es que no es solo el GPS el que ha contribuido a la merma en esta acción que además nos ponía en contacto con la gente que vende en la calle, que está en la esquina, con el motoconcho, o con la doña que estaba barriendo la acera.

La otra razón
Aparte de que ya los teléfonos inteligentes o los carros inteligentes saben dónde queda el rincón más apartado del país, la presencia, cada vez más fuerte, de haitianos también influye. Son los que más abundan en las calles y no saben dar las direcciones, ya sea por desconocimiento del lugar o por la limitación del idioma. Resulta que transitando junto a Jacqueline, una vendedora de LISTÍN DIARIO, por la Autopista Duarte, ambas entendimos que el GPS nos estaba mandando para otro lado, y cuando decidimos preguntar a alguien... ¿dominicano adónde?

No había un solo
Tal vez es un dato de poca importancia si lo vemos desde el punto de vista de que hay otras opciones, pero no es así. Es un asunto para pensar, para meditar y para preocuparse. Estamos perdiendo nuestra esencia, se nos está debilitando nuestra idiosincrasia y lo más triste: esta realidad va en aumento, y quiere decir muchas cosas. Una muy importante, es que el dominicano ha perdido esa plaza de trabajo. Ya no vende en los semáforos, pues los haitianos y los venezolanos la han copado con sus productos y con los nuestros.

Un lugar fabuloso para ellos
Lo que se ha convertido en una ciudad fabulosa para ellos, está dejando de serlo para nosotros. Ya no tenemos siquiera a quién preguntarle una dirección en la calle, y mucho menos a quién se nos acerque detallando con lujo de detalles el nombre de cada dulce, de cada producto en venta. ¿Que si hay la misma mercacía? Claro, hay de todo y para todos, pero en su mayoría la distribuyen nuestros hermanos haitianos y a veces ni saben lo que están vendiendo. Y los venezolanos tratan de ofertar los suyos.

Realidad a “ciegas”
Aunque usted no lo crea, esto es lo que hay, esta es nuestra realidad y, aunque queremos echarle la culpa de todo a la tecnología, debemos detenernos a ver que la culpa más grande que ésta tiene no es facilitarnos las cosas y convertirnos en seres a veces inútiles. Lo más peligroso que ella hace es distraernos y evitar que veamos el peligro al que nos exponemos porque, sencillamente, estamos perdiendo nuestra esencia.