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La Vida miércoles, 19 de junio de 2019

FÁBULAS EN ALTA VOZ

Las emociones y nosotros

  • Las emociones y nosotros
Marta Quéliz
Martha.queliz@listindiario.com

Ella es una muchacha con una imagen perfecta, si se quiere, y una seguridad digna de admirar. Cualquiera que la ve caminar con sus pasos firmes y la altivez que la caracteriza podría pensar que no tiene motivos para que sus emociones se adueñen de su paz y alegría. Pero no es así. Ella, como usted, como aquel y como yo, tiene vida, y son los vivos los que tienen altas y bajas, los que ríen, los que lloran; los que celebran, los que sufren…

Detrás de bambalinas
A veces, debajo de una vestimenta de punta en blanco, hay un cuerpo cansado de sufrir, de esconder el peso que por años ha llevado, y lo más triste, hay un ser humano que cubre con los colores más llamativos de la moda el mundo gris que siente se le cae encima. Es que sencillamente, las emociones son de todo el vivo. ¡Disfrute su alegría y sufra su duelo!

 No más mentiras
¿Quién ha dicho que hay que estar mal vestido para sufrir, o al último grito de la moda para demostrar que se es feliz? Nadie. Quítese la careta. No tiene que andar diciendo cómo está ni cómo se siente, pero tampoco tiene que demostrar que es un todopoderoso que ni siente ni padece. De ninguna manera. La gente sabe que es gente cuando puede experimentar distintos sentimientos, cuando por negra que sea su maldad en algún momento siente conmoción, o cuando por noble que sea, hay cosas que “le sacan de quicio”.

Nadie es perfecto
Aún viva en una ciudad fabulosa, su casa sea una caja de cristal o tenga sangre azul si es humano notará que hay un día que no quiere hacer nada, que nada ni nadie le importa, que la vanidad que le acompaña siempre se desvanece y se convierte en estorbo, y sobre todo, siente temor hasta de que caiga una flor y le lastime. Es que sencillamente, somos vulnerables a sentir, sufrir y a vivir nuestras emociones.

Sin exclusión
Hay un día, tal vez un instante, en el que el más fuerte se quiebra, y el más empoderado se derrumba, a veces sin explicación alguna. Pero de todo esto hay algo bueno que podemos sacar: que lo material no nos da la fortaleza, que la buena imagen no nos crea una coraza antidesánimo, que tenemos un corazón que late, que siente, padece y se fortalece según la fe que tengamos en el Creador porque somos humanos y así funcionamos.