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La Vida miércoles, 05 de junio de 2019

FÁBULAS EN ALTA VOZ

Con los hijos no hay misión cumplida

  • Con los hijos no hay misión cumplida
Marta Quéliz
Martha.queliz@listindiario.com

Formar a los hijos, moldearlos y tratar de entregar a la sociedad hombres y mujeres de bien, no es tarea fácil. Aunque lo que se les enseña desde pequeñitos ayuda en su formación de adulto y en su comportamiento posterior, la misión de los padres nunca termina. Siempre hay algo que enseñar, que corregir, que ayudar, y sobre todo, un hombro que prestar cuando se hace necesario.

No hay un librito
Es cierto que no existe ese manual, y lo peor, tampoco creo que haya nacido quien pueda escribirlo, pues cada padre y cada madre son distintos, y cada hijo también lo es. Sin embargo, hay algo que quienes tenemos hijos compartimos: el amor por ellos. Tal vez no todos podamos darles la mejor educación, la formación más adecuada, o las directrices más acertadas para que logren sus sueños, pero sí tenemos en común las mejores intenciones para que ellos alcancen sus metas.    

Ser padres fabulosos
Ese es el propósito que todos queremos concretar desde que nacen nuestros hijos hasta que nos quedan fuerzas para amarlos y protegerlos. Es por eso que nuestra misión con ellos nunca termina. No importa que se gradúen, que se muden solos, que se casen, que se vayan a otro país..., con ellos nunca podrán llevarse el amor infinito que logran plantar en el corazón de su madre y de su padre, desde que comienzan a tener vida.

Algo inexplicable
Así le llamo al sentimiento que al menos yo, siento por mi hijo Manuel Enrique y mi hija Dalia. No es compromiso, porque nace de mí y me hace feliz; no es un deber, porque surge solo; no es derecho, porque le pertenezco; no es costumbre, porque siempre renuevo este amor; y no es idolatría, porque esto trasciendo cualquier cosa pagana que pueda existir. Por esto es que digo que con los hijos no hay misión cumplida: siempre nos necesitan al igual que nosotros a ellos.

Experiencia vivida
Esto lo he podido entender porque ya mi nido está medio vacío. Manu decidió formar tienda aparte y, aunque sé que no tengo de qué preocuparme porque es un hombre hecho y muy bien derecho, siento que se me desgarra el alma, porque como madre pienso que, su carrera y sus éxitos no son lo suficientes como para prepararse el desayuno, para orar solo, para abrazarse a sí mismo, para darse el amor incondicional que solo una madre puede dar... Sé que puede, y más de ahí, lo que pasa es que simplemente soy mamá y no he terminado mi misión.