EDITORIAL

Amor de Madre

Carmelsy Confesor

No sé si les pasa, que han sentido ir por la vida guiadas por mujeres poderosas. Y que no importa dónde te encuentres, o en qué situación, siempre aparece una superpoderosa que inhibe cualquier vicisitud.

En mi vida he sido protegida por hadas madrinas. Primero está mi madre, a la que siempre describo como el ser más bueno que jamás haya existido en el mundo terrenal. Pero he sido tan dichosa, que he recibido de regalo a otras féminas que me acuñaron con todo su amor y respeto. De mi segunda madre, mi suegra –aunque suene cliché–, he ganado un corazón abierto de manera genuina y sincera.

De ellas admiro su entrega, ese celo arropador de proteger a sus hijos, sin haberlos incapacitado para hacerlos seres humanos saludables. Ambas tienen esa compasión extraordinaria…

Detallistas, diligentes, amorosas y, sobre todo, luchadoras. Cada uno de sus actos me ha hecho entender que no llegamos al mundo para dar cariño de madre o recibirlo de un solo sujeto. La figura de amor de madre la podemos encontrar en tantas personas... sí, no hace falta engendrar –o parir– para tener esa facultad de entrega y cuido.

Claudia, es el referente número uno de ello. No tuvo la oportunidad de tener un hijo natural, pero, a través de la adopción, construyó un mundo distinto y feliz para ella y un niño que no tenía nada. Y aunque los estándares locales no se inclinan por esta opción, y menos para tener un hijo soltera, es momento de quitarnos el velo de los estereotipos sociales. Carolina se hizo madre soltera a través de la fecundación in vitro; sintió mucho miedo, pero entre lágrimas me dijo hace poco, que nunca había sentido el amor a tan alto nivel.

Sí, es cierto que no a todas tiene que llegarle el “llamado de ser madres”, pero si te toca el corazón, elimina los mensajes negativos que acorten tus más profundos deseos.

Felicidades a todas las madres y a las que su mayor deseo es serlo.