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La Vida miércoles, 15 de mayo de 2019

FÁBULAS EN ALTA VOZ

Hambre de justicia

  • Hambre de justicia
Marta Quéliz
Martha.queliz@listindiario.com

República Dominicana está en el quinto lugar entre los países prioritarios de la región de América Latina y el Caribe donde hay más hambre y pobreza. Así lo ha dejado saber la  Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Esa noticia me dejó sin palabras. Son cosas que, aunque las sabemos porque las vivimos en carne propia, nos sorprenden. Ahora tenemos una posición que da la voz de alarma, y demuestra que no somos un país donde la clase empobrecida pasó a ser solo clase media.

Mucha impotencia
Quienes me conocen saben que siempre he dicho que no puedo ver gente con hambre. Eso me toca las fibras más sensibles de mi ser. No importa que se trate de adulto, anciano, joven, niño... Entiendo que la alimentación es lo más importante para el bienestar de un ser humano. Me duele saber que nuestra situación es más drástica de lo que creemos.

Rumbo a la ciudad fabulosa
Muy inquieta por esta noticia que, aunque no es nueva, sí nos recuerda que mientras muchos políticos gastan hasta 15,000 pesos en un vino, miles de niños se acuestan hasta sin desayunar. No resisto esta situación, me duele el alma. Preferí visitar un lugar fabuloso donde la gente se trate como tal. Allí observé que todos los habitantes hacen uso del derecho a la alimentación que por ley les corresponde.

El derecho como prioridad
Se cuidan de caer en “lesa humanidad”. Las autoridades de esta ciudad fabulosa ponen el derecho en primer lugar. El hambre allí no es un problema. Tienen claro que antes de despilfarrar el dinero del pueblo, se debe garantizar la alimentación de los más vulnerables. No regalan la comida, pero sí crean fuentes sostenibles de trabajo para que a ninguna familia le falte la comida en su mesa.

La solución
Al regresar a mi realidad, vine con la mente bien abierta. Entendí que lo que más hay en República Dominicana es comida, la que por la ausencia de conciencia y de una política humanitaria eficiente no llega hasta donde debería porque el hambre de poder, la ambición de dinero y el desinterés le ganan la batalla al hambre de justicia que tenemos los dominicanos, sobre todo cuando sabemos que hay niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos y envejecientes que mueren por conseguir aunque sea un “aguají” para no irse a la cama como mismo se levantaron.