VIAJE

Edificio emblemático estación de bomberos en Ponce que data de 1883

  • Bella fachada del antiguo Parque de Bombas o Estación de Bomberos, en Ponce, Puerto Rico. CARMENCHU BRUSÍLOFF

Carmenchu Brusíloff
Santo Domingo

‘Quiero conocer Ponce’. Mi deseo se cumple. Desde San Juan, por la carretera 52 (Expreso Luis A. Ferré, que cruza de norte a sur la isla de Puerto Rico), voy con mi yerno Guido, mis hijos Carmen y Alexis y mi nieto Javier.

Sin llegar a mitad de camino Guido señala la estatua de un jibarito y casi a seguidas avisa: ésta es zona de accidentes. Justo en una curva cercana hay un auto incrustado en la ladera. En Ponce nos recibe su nombre en gigantescas letras, extendidas de lado a lado de la carretera. En el centro histórico nos detenemos en la Plaza de las Delicias.

Celebran una Feria de Artesanía, con músicos y casetas típicas de comida. Alexis compra una torta de bacalao. Le doy un mordisco. Guido y Javier, chicharrones de cerdo. ¡Cuánta grasa! Con Carmen visito la Casa de Bomba, primera estación de bomberos en la isla. Data de 1883. Calificado como edificio emblemático de Puerto Rico, aúna estilos gótico, victoriano y árabe. Exhibe antiguos vehículos, uniformes, cascos de bomberos… También exposiciones itinerantes (La entrada es gratis). En este entorno, entre los edificios de la época resaltan la Catedral de estilo Neoclásico (1835) y la Armstrong-Toro House, o residencia Armstrong-Poventud, de estilo Poncecreole (1899).

Son las 2:00 de la tarde cuando cruzo a Jalapeños, restaurante mejicano. Pido Fajitas. No están mal.

Sigue el trayecto

Desde aquí caminamos para buscar el auto. En el trayecto atravesamos el Paseo Amor, donde una heladería en una caseta ofrece preparar ‘el helado de lo que usted traiga’. Hacia otro lado destaca un reloj de pie, con las horas en números romanos. En el vehículo paseamos mirando fachadas: Casa-Ayuntamiento, Centro Islámico... hasta llegar al Paseo La Guancha, junto al mar. Pero amenaza lluvia. Hay que volver a San Juan. A la altura de la montaña nos atrapa un aguacero y nos envuelve la niebla. La visibilidad es cero. Mi pensamiento empero es para Ponce. ¡Cuánto me queda por ver!