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La Vida lunes, 15 de abril de 2019

Un expresidiario brasileño

De cortar el pelo en la cárcel al estrellato

  • De cortar el pelo en la cárcel al estrellato

    El barbero Ariel Franco, que estuvo en la cárcel dos años, mientras corta el pelo a un niño y aplica su atrevido corte "blindado", una clase de tupé que no se deshace por días y lleva tintes y diseños de una variada paleta de colores. EFE/ Sebastiao Moreira

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  • De cortar el pelo en la cárcel al estrellato
Nayara Batschke
(EFE) Sao Paulo
Ariel Franco, de 25 años, ha pasado de estar hacinado en una celda a contar con 300.000 seguidores en su cuenta de Instagram gracias a unos llamativos cortes que aprendió durante su estancia en un presidio de Sao Paulo.

"Contrariando todas las estadísticas, yo he alcanzado el éxito", proclama el peluquero autodidacta Franco. Nacido y criado en Brasilandia, una de las mayores favelas de la capital paulista, allí empezó a trabajar a muy temprana edad en la feria, como vendedor de manzanas de caramelo, tal y como muchos de los niños del barrio.

Entre una chapuza y otra y después de múltiples intentos fracasados por encontrar un trabajo estable, descubrió en el mundo del crimen una "oportunidad" y, a los 15 años, entró para el universo del narcotráfico. Cuatro años después, sin embargo, fue detenido y trasladado a una cárcel, donde en medio de "tantas situaciones inhumanas" aprendería el oficio de peluquero.

"A través de un compañero que cortaba el pelo de los presidiarios sentí la curiosidad de probarlo y me encantó. No solo por el trabajo, pero también porque pasé a conocer las historias personales de quienes estaban allí", cuenta Franco, en una entrevista con Efe.

"Fui perfeccionando mis cortes, aprendiendo nuevas técnicas. Con el tiempo, me fui volviendo más osado y empecé a atreverme con otros estilos", rememora.

Mientras estaba en la cárcel, donde llegó a compartir una celda con otras 56 personas, jamás imaginó que, años después, se convertiría en un fenómeno e inspiración entre los niños de Sao Paulo con su atrevido corte "blindado", una clase de tupé que no se deshace durante varios días y lleva tintes y diseños sacados de una variada paleta de colores.

Gracias a esa pionera técnica del peluquero, muchachos y adolescentes pueden lucir orgullosamente por las calles de Brasilandia arrojados peinados multicolores y dibujos como llamas, calaveras u ollas.

Desde hace 10 meses, Franco tiene un local alquilado en la favela donde creció y atiende alrededor de una veintena de clientes cada día. No tiene un hueco hasta inicios de junio y, entre un corte y otro, viaja por Brasil e incluso a otros países impartiendo clases, seminarios y charlas gratuitas de incentivo a expresidiarios y exusuarios de drogas.

"El sistema carcelario brasileño es cruel, porque no quiere ni busca la resocialización. Yo fui testigo diversas veces de cómo los agentes dan palizas, dejan a los presos sin comida, los castigan, sancionan al colectivo por actos individuales", denuncia.
Por eso, considera que su "misión es cambiar la vida" de niños, excarcelados y exadictos y "abrir las puertas" para mostrar que, aunque "sea muy difícil", llegar "a la cumbre no es imposible".

"Quiero que sepan que, con determinación, uno puede ser lo que quiera", sostiene.
Casi cinco años después de que abandonara la cárcel, el peluquero es ahora toda una celebridad también en las redes sociales, su principal plataforma de publicidad, donde comparte cada uno de sus obras maestras y acumula ya más de 300.000 seguidores.

"Mis clientes, esos niños que vienen aquí, pasan por las mismas dificultades, disgustos y contratiempos que yo pasé a lo largo de mi infancia. Quiero ofrecer esperanza a ellos y mostrar que es posible triunfar en la vida", asevera Franco.