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La Vida viernes, 05 de abril de 2019

COSAS DE DIOS

La novena boda en Caná

  • La novena boda en Caná
Alicia Estévez
alicia.estevez@listindiario.com

Ocho novias, tocadas con mantillas blancas y sosteniendo ramos de flores idénticos, se maquillaban unas a las otras en un cuartito estrecho, en Caná de Galilea. Tal vez, como aquella novia a cuya boda acudieron Jesús y María, esperaban nerviosas el inicio de la ceremonia.

Los novios
Muy cerca, más relajados, estaban sus esposos, junto a quienes renovarían los votos matrimoniales tras décadas casados. Por ejemplo, Maybe y César celebraban ya los 35 años de unión.

Sin importar el tiempo transcurrido, todos  sonreían felices al atravesar la puerta de la capilla donde, en el altar,  el padre Catalino Tejada, párroco de la parroquia el Buen Pastor, presidía la Eucaristía.

Peregrinos
Llegado el momento, el sacerdote les pidió ponerse uno en frente del otro  y mirarse a los ojos. Desde sus asientos, casi tan emocionados como los protagonistas de la ceremonia religiosa, un grupo de peregrinos, llegados igual que los novios desde República Dominicana hasta Tierra Santa, esperaban para también renovar sus votos de compromiso con Dios.

Un Dios generoso
El padre Catalino hizo repetir a las parejas sus promesas de amor y fidelidad. Hubo intercambio de alianzas y las esposas entregaron a sus maridos una moneda de plata.

Cuando se escuchó la frase “Puede besar a la novia”, parecía que aquel instante no podía ser más hermoso, pero la generosidad de Dios no tiene límites.

Máximo
En el altar, asistiendo al padre Catalino, se encontraba Máximo D’Oleo, cuya esposa falleció antes de que ellos cumplieran los 25 años de matrimonio. Para esa ocasión, Máximo, que es médico pediatra pero compone y canta precioso, había escrito una canción.

Amor eterno
Esa tarde, Máximo tuvo la generosidad de interpretar su canción para aquellas ocho parejas que, como él y su compañera, escogieron tener un amor para toda la vida.

Cuando Máximo terminó de cantar, unos se secaban las lágrimas, otros mantenía los ojos cerrados o fijos en el suelo, nadie hablaba.

Creo que todos pensaron en la novena pareja que se les había sumado para renovar allí su unión, porque el amor que Dios bendice traspasa los linderos de la eternidad.