LUCHA PATRIÓTICA
12 años de lucha para mantener la soberanía
Luego de que el 27 de febrero de 1844 los dominicanos proclamaran su independencia ante los haitianos, estos quisieron imponerse con la finalidad de permanecer en territorio criollo, intentaron mediante innumerables batallas quitarle la soberanía a Quisqueya.
La guerra dominico-haitiana duró 12 años (1844- 1856). Para una mejor comprensión de la misma, los historiadores la han dividido en cuatro campañas, durante las cuales ocurrieron acciones militares, combates y batallas.
Estas luchas fueron claves para demostrarle a los haitianos la firme decisión del pueblo dominicano de liberarse del yugo invasor y opresor, sin importar la potencia de combate ni la superioridad en hombres del invasor.
Era un día martes, las tropas dominicanas se encontraban dispuestas al combate, situados en el frente oeste de la ciudad de Azua, formando una línea de defensa que iba desde el camino del Barro en el norte hasta el camino de Los Conucos en el sur. Las tropas dominicanas eran apróximadamente 2,500 soldados, constituidos por más o menos 1,000 hateros y monteros que formaba el ejército que dirigió el general Santana, integrados con gentes del Seybo, Hato Mayor, El Cuey y Los Llanos, diestros en el manejo de la lanza y el machete; apróximadamente 500 jóvenes azuanos entrenados por Duvergé y Francisco Soñé, en la finca de este último, en Las Yayitas; más dos compañías, una gendarmería y otra caballería, con un total de 200 neyberos, comandados por Vicente Nobles y Nicolás Mañón. Se sumaba también la tropa banileja, con 300 soldados.
Luego de las tropas del general José María Imbert atrincherarse a la derecha del río Yaque del Norte se dirigió hacia el camino de La Herradura. El enemigo atacó y fue embestido por este en el fuerte “Dios, Patria y Libertad” frente a la sabana de Santiago de los Caballeros. Los haitianos contraatacaron y fueron rechazados por la artillería dominicana y la fusilería de Fernando Valerio López.
Después del último ataque haitiano, el general Imbert afirma: “entonces el enemigo perdió enteramente el ánimo y cesó toda tentativa del ataque. El combate había principiado a las doce y siguió hasta las cinco de la tarde. El enemigo no dejó en el campo de batalla menos de seiscientos muertos y según el efecto que le produjo la metralla, el número de sus heridos han de ser mucho mayor, el camino que sigue en su retirada no es sino un vasto cementerio”.
“Siendo las dos de la mañana, el general José Joaquín Puello puso con el toque a las armas sus tropas en pie de guerra, le pasó revista y organizó su ejército. A las ocho de la mañana el enemigo recibió a los dominicanos con un nutrido fuego de metralla de sus cañones. Hubo una gran maniobra de ambos flancos dominicanos (el izquierdo liderado por Sandoval y el derecho por Bernandino Pérez y Valentín Alcántara) empezaron a ganar terreno a pesar del fuego artillero que no podía ser contrarrestado. Los haitianos lanzaron su caballería sobre el avance del centro dominicano, pero los regimientos de la capital al mando de José María Cabral y Juan María Albert arremetieron sobre la carga de la caballería haitiana, poniéndola en total fuga”.
El general Salcedo afirma en su parte oficial, haber contado desde el fuerte trescientos cadáveres enemigos, víctimas de nuestras lanzas, más de diez prisioneros, algunos de estos gravemente heridos”.
El general Salcedo dice que Dajabón fue reducida a cenizas, “nuestra bandera fue enarbolada en nuestros límites, con imponderable regocijo y entusiasmo ejército, y después de un fuego imponderable de casi dos horas, nuestros magnifico estandarte levantado sobre la arrogancia de nuestros enemigos”.
En la batalla, los dajaboneros aportaron su cuota de sacrificio para hacer posible la independencia de la República Dominicana.En ella las tropas dominicanas derrotaron a las haitianas, quienes en retirada incendiaron el pueblo a su paso por Dajabón.
El general Duvergé salió para el cuartel de Sabana Buey, y en su ausencia las tropas dominicanas que ocupaban el desfiladero de El Número, al notar que un cuerpo haitiano avanzada por el Sur, creyeron que se trataba de un movimiento envolvente y decidieron abandonar la posición esa misma tarde. El político e historiador Emilio Rodríguez Demorizi dice: “Estos improvisados soldados sostuvieron con su maravilloso esfuerzo la posición, hasta el instante en que los invasores desesperanzados de poderla forzar intentaron flanquear por la falda de la montaña”.
Sin embargo, el también historiador José Gabriel García asegura que fue la falta de agua y la escasez de comida que obligaron a los dominicanos a levantar el campo de El Número”.
El presidente haitiano Souluque, nunca pensó que las fuerzas dominicanas comandadas por Pedro Santana, asistido por los generales Ramón Matías Mella, Antonio Duvergé, Francisco del Rosario Sánchez, Antonio Abad Alfau, Marcos Evangelista, el comandante Aniceto Martínez, y los capitanes Bruno Aquino y Bruno del Rosario, le derrotarían de una manera aplastante y convincente tras tres días de fiero combate.
“No obstante la evidente superioridad haitiana, un cerrado tiroteo se mantuvo de ambas partes por espacio de una hora, no pudiendo la ofensiva enemiga alcanzar la orilla opuesta. Entonces, fue cuando se produjo un contraataque dominicano, consistente en un asalto al arma blanca y una carga de la caballería que comandaba el coronel Pascual Ferrer. Viendo el general Santana en ese movimiento la clave de la victoria, ordenó atacar. Frente a tan sorpresiva respuesta de su ataque, los haitianos abandonaron el campo, dejando allí sus banderas, y dos de las tres piezas de artillerías de campaña le fueron arrebatadas a filo de machetes”.
El emperador Solouque invadió el territorio dominicano con más de 12.000 hombres armados, con la finalidad de volver a someter el territorio de la República Dominicana bajo su yugo y desconocer su independencia. Una parte de los invasores haitianos entraron por Neiba, otros por los lados del municipio de Enriquillo, Barahona.
Por otra parte, las tropas dominicanas estaban comandadas por el General José María Cabral. El ejército dominicano estaba compuesto por 4.500 hombres.
“Integraban el ejército de San Juan los regimientos Ozama y Azua, con dos batallones de Las Matas, San Juan, San Cristóbal e Higu¨ey, compuestas muchas compañías por tropas de San José de Ocoa, Monte Plata, Bayaguana, Boyá y Los Llanos”.
El general Cabral viendo que la batalla estaba indecisa y acordándose de la admonición del Presidente Santana.
“Ay de usted si los haitianos beben agua del río San Juan” llamó a su ayudante el coronel Eusebio Puello y le dijo “Creo que ha llegado la hora de morir” y ordenó a sus soldados y oficiales la lucha cuerpo a cuerpo.
Mientras que el ejército haitiano lo comandó el general Pierre Rivere Garat, quien tenía el título noble de “Duque de Leogane”.
Estas derrotas frustraron el sueño del emperador haitiano de recuperar el territorio dominicano.
“El valor y la capacidad estratégica del general Francisco Sosa, designado por el general Pedro Santana para defender la dominicanidad desde Neiba, impidió que una horda de miles de hombres, dividida en varios frentes de combate, rompiera las líneas de defensa de un ejército, que aunque menos numeroso que el haitiano y menos armado, ya estaba organizado en los fundamentos del combate, por lo que ocasionó, en ese histórico enfrentamiento armado de Cambronal, más de 400 bajas y un alto número de heridos a las fuerzas invasoras”.
Tropas dominicanas del ejército del norte, dirigidas por el general Juan Luis Franco Bidó, derrotaron al ejército haitiano al mando del emperador haitiano Faustino I.
Las tropas dominicanas que estuvieron dirigidas por los comandantes Pedro Florentino y Lucas Peña, derrotaron aparatosamente al ejército invasor, considerándose estos enfrentamientos decisivos para convencer a los haitianos de que no lograrían ocupar de nuevo el territorio dominicano.
Después de concluida la batalla se escuchó decir a un grupo de combatientes dominicanos lo siguiente: “No escuchar a los que cobardemente piensan intimidarnos esparciendo rumores alarmantes sobre la próxima invasión de los haitianos para reducirlos a un exterminio total, cuya empresa juzgaría el mundo entero poniéndola en paralela con el espíritu de civilización que reina todas partes y la generosidad con que nos hemos conducido eso nos ayudaría. Aun cuando así fuera, opongámosle una resistencia vigorosa, sirvan nuestros pechos de baluarte a los que osaren invadir nuestro territorio, hacemos la guerra y despojarnos de nuestro derecho, perezcan con gloria y honor a quienes la suerte fije su destino, y los demás aseguremos una patria que no teníamos para poder cantar un día himno a la libertad y a la República Dominicana”.

