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La Vida martes, 26 de febrero de 2019

Psicología

Adolescentes en problemas

  • Adolescentes en problemas

    Importante. Debemos predicar con el ejemplo, que es la mejor manera de enseñar y de lograr hijos de bien.

Santo Domingo

La familia ha estado cambiando muy rápidamente en los últimos tiempos. Este grupo es el primer medio de control social, educación y principios. Es allí donde el niño aprende a socializar positivamente. Un fracaso en este grupo nos puede llevar a los problemas sociales que hoy vemos a diario, como el uso de la violencia para resolver conflictos o la inexistencia de valores como la responsabilidad, la solidaridad o el respeto de límites, la delincuencia en los adolescentes...

Vemos que la comunicación se encuentra ausente y no hay verdadera vida en familia. Parte del problema suele ser que la familia no tiene claro el concepto de autoridad y su sistema de corrección es muy permisivo en estos tiempos. No se les debe decir si a todo, de lo contrario ante cualquier frustración explotan si no se les complace. Los limites son tan difusos en el sistema que nos encontramos padres que se creen ser amigos de sus hijos, les dan todo aquello que ellos no tuvieron en su infancia colmándoles de regalos y premios que no se han merecido. La falta de límites en la familia genera angustia y ansiedad en los adolescentes, pues no están claros de lo que pueden o no hacer, de que lo se les está demandando como miembro de una familia organizada.

La delincuencia juvenil es multicausal. Por eso importa analizar la incidencia de la familia como factor de predicción de conductas delictivas, cuando deja de ser un elemento protector. Esta ausencia en la relaciones familiares tiende a impulsar a los jóvenes a buscar refugio en la calle, muchas veces con la pandilla como grupo de apoyo. En esas circunstancias, las conductas delictivas se desatan con mayor facilidad.

Estamos viviendo momentos económicos difíciles a nivel mundial que están generando crisis en muchos de nuestros hogares, necesitándose más fuentes de ingresos, lo que hace que los padres estén más ausentes dentro del sistema familiar, produciéndose un desequilibrio emocional dentro del grupo, lo que actúa como estimulante del aumento de los niveles de violencia familiar, derivando muchas veces en maltratos a los hijos. Aumenta la depresión, la ansiedad y el ambiente se vuelve dañino e insoportable para los adolescentes, para ellos la solución más fácil es irse a la calle a “buscárselas” y huir de los problemas del entorno.

La delincuencia juvenil  es uno de los problemas criminológicos que crece cada día más, no solo en nuestro país, sino también en el mundo entero. Es una de las acciones socialmente negativas contrarias a la ley y a las buenas costumbres, creadas y aceptadas por la sociedad. Esta situación es un problema que cada vez genera mayor preocupación social, pues nos encontramos con muchachos adolescentes que en lugar de estar asistiendo a los centros educativos para ir labrándose un futuro honrado que les permita llegar a ser hombres y mujeres de bien, nos encontramos con grupos de jóvenes que prefieren la vía del enriquecimiento rápido, abusivo y sin  carga de remordimiento sobre los hechos que están realizando.

A veces estos grupos están formados por iguales, todos adolescentes, donde el mayor es el que ejerce la función de líder, pero hay otros casos donde encontramos personas adultas que lo que se están es aprovechando de la poca experiencia de los menores y los utilizan en su beneficio, ordenándoles que realicen por ellos robos y otros actos vandálicos y criminales que ellos mismos no quieren realizar para mantenerse en el anonimato y evadir la persecución de las autoridades; o peor aún, los utilizan como brazos ejecutores, porque saben que las sanciones de la ley penal son muy atenuadas o inexistentes cuando se trata de menores.  

La falta de empleos y de oportunidades en la educación formal, son unos de los factores generadores de violencia, pues la juventud se siente desmotivada al no encontrar el soporte que necesita para su desarrollo y su integración normal al mundo laboral.

Pero debemos analizar las actuales familias para ir viendo lo que estamos formando y a donde nos han llevado estos cambios internos en el concepto familiar. Nos debe llevar a preguntarnos ¿Qué ha pasado con los valores de la personalidad que antes se consideraban los cimientos del éxito? La integridad, la humildad, la fidelidad, la mesura, el valor, la justicia, la modestia, etcétera. Estos valores que pregonaban nuestros abuelos y que nos enseñaban con tanto orgullo, ¿Dónde están?  ¿Por qué ahora solo podemos hablar y valorar el éxito rápido, el poder, los signos externos basados en carros de lujo, en jipetas enormes, relojes, celulares inteligentes, la vida ‘light’, sin responsabilidades ni para ellos ni para sus propias familias. Nos hemos olvidado de la grandeza de la vida en sí misma, pues si todos estos valores todavía los estuviéramos exponiendo formaríamos jóvenes capaces de luchar contra las dificultades de la vida, no estar esperando que la vida sea fácil y todo se nos sirva ya hecho.

La presente generación joven se ha acostumbrado a las gratificaciones inmediatas de sus gustos, sin merecerlos ni habérselos ganado, consideran que por el solo hecho de existir son merecedores de premios y aplausos; esta forma de pensar lo que está creando son personalidades adictivas que no se saben administrar, ni tienen formada una verdadera voluntad, se mueven solo en lo que les gusta.

Al encontrarse con problemas económicos que no les permiten lograr todos esos caprichos que están acostumbrados o que les llaman la atención por el bombardeo de los medios de comunicación, por la industria del consumismo, no saben medir las consecuencias de sus actos y prefieren salir a robar o hacer actos delictivos, pero que les permita lograr sus objetivos deseados. 

((Consejo
Una buena atención

Prestemos más atención a nuestros hijos, no solo a sus palabras, sino también a sus sentimientos, sus pensamientos, sus miedos, sus luchas; no les dejemos solos caminando los cambios de la adolescencia sin un guía; muchas veces sus acciones no son otra cosa que gritos de socorro, peticiones de ayuda... pero tristemente creen que nadie les está escuchando. Enseñarles la recompensa de ser útiles para uno mismo como para sus familias, el valor y la satisfacción del trabajo bien hecho.