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La Vida martes, 29 de enero de 2019

FOLCLOREANDO

Los hermanos “de crianza”

  • Los hermanos “de crianza”
Xiomarita Pérez
xiomaritabaila@gmail.com

Estando menor siempre escuche a mi madre hablar de “Sofía”, una niñita que crió mi abuela Virginia (Minina). Luego supe que cuando mi madre, doña Ena, contrae matrimonio con mi padre Viterbo, mi abuela Virginia (Minina) le cede a Sofía, para que viva con ella.

Sofía fue creciendo y vivió con ellos hasta que mis otros hermanos estaban grandecitos. Nunca pude olvidar el lazo afectivo que hubo en mi hogar con Sofía, tanto que me pasaba las vacaciones de verano a donde ella en Gaspar Hernández, tierra donde vivieron mis padres mucho tiempo.

Ya Sofía Almonte estaba casada con Rafael Bergés (Fello), quien fungió como Juez Civil en la época del presidente Joaquín Balaguer, a finales de los años 60. Recuerdo que Fello, por mis bellas letras, me ponía a transcribir los libros con las actas de nacimiento, porque se iban envejeciendo por el paso del tiempo. Me sentía orgullosa de ocupar ese tiempo vacacional ayudando con esa encomienda.

Esas vacaciones eran de casi tres meses. El patio estaba lleno de plantas medicinales como la yerba Luisa, feregosa, yerbabuena, rompe saraguey y otras más. La casa brillaba de limpia, recuerdo las camas altas en los tres aposentos espaciosos. Prohibido guardar cosas debajo de las camas. Recuerdo el Bar de Mamita y su vellonera; “Mistecrén”, el río. Ah! También recuerdo que Sofía me llevó a una tienda de fantasía o un almacén y me compró como media docena de panties o “blumen” de los llamados “talla única”, antes de irme de regreso a mi casa en Villa Juana.

Con Sofía siempre me sentí con deuda, porque no pude disfrutarla tanto, hasta que trabajando en este periódico a finales de los 90 le propuse que viviera en mi casa para que mis hijas estuvieran acompañadas de una abuela de crianza o de corazón y así fue.

Sofía estuvo en nuestro hogar por cinco años inolvidables, dándoles mucho cariño a mis hijas y haciéndoles sus comidas favoritas, que ni ellas ni yo olvidaremos. Fue una hermana “de crianza” para mis hermanos y una madre “de crianza” para mí, agradeciéndole a Luis José Bergés, su hijo más grande y a su hermana Emelinda el apoyo que me brindaron para que esa hermana “de crianza” fuera mi soporte en el momento que la necesité. No sé cuántos años tendrá, pero pasa de los 85 y solo le deseo que Dios le dé unos añitos más, para seguir disfrutando su alegría de vida.