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La Vida jueves, 03 de enero de 2019

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Parroquia convertida en refugio para solicitantes de asilo en Madrid

  • Parroquia convertida en refugio para solicitantes de asilo en Madrid

    Resultados. En sólo una noche alrededor de 30 personas con esta condición llegaron a dormir en este lugar.

Santo Domingo

En una sola noche más de 30 personas solicitantes de asilo han llegado a estar alojadas en la parroquia madrileña de San Carlos Borromeo, que se ha convertido en un lugar de referencia para quienes buscan refugio en la capital española y afrontan la falta de recursos de las administraciones y las ONG.

Entre ellas está Yeneth, que aterrizó en Madrid el pasado 4 de noviembre tras huir de El Salvador junto a su marido, su hija de diez años y su hijo de dieciséis.

Traían seis noches pagadas en un hostal pero pasaron una de ellas durmiendo en la calle para tratar de ser los primeros en la cola que se forma ante una comisaría de la Policía Nacional para obtener la cita que inicia el proceso de solicitud de asilo. “Lo conseguimos pero esa noche fue terrible, mi hija durmió en el suelo envuelta con todo lo que teníamos. El resto estuvimos despiertos pero pasando un frío horrible”, cuenta.

Tras conseguir cita, su siguiente preocupación fue buscar un alojamiento. Acudieron a los servicios municipales de Madrid y a varias ONG, pero en ningún caso había plazas disponibles, lo que les obligó a volver a pasar en la calle dos noches.

Por recomendación de una trabajadora de una ONG acabaron pidiendo ayuda en la parroquia de San Carlos Borromeo, en el barrio madrileño de Vallecas, donde durmieron “cinco o seis noches” antes de ser trasladados a un centro de acogida de la Cruz Roja, en el que permanecen actualmente.

Esta parroquia se ha convertido en un punto de referencia para los solicitantes de asilo, especialmente de países latinoamericanos.

En sólo una noche más de 30 personas con esta condición han llegado a dormir en este lugar, al que remiten incluso trabajadores municipales del área social, según aseguran fuentes de la parroquia. “Nos ha llegado gente con un bebé en brazos que venían de la calle”, lamenta una voluntaria.