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La Vida miércoles, 05 de diciembre de 2018
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ENTREVISTA

Margarita Luna: un hada que hace que todo funcione

  • Margarita Luna: un hada que hace que todo funcione

    Margarita Luna Castro, oriunda de Santiago, reside en Cancún desde el 2015.

Alicia Estévez
Cancún, México

Nada en Margarita Luna Castro, una mulata de ojos claros, impecablemente vestida y peinada, indica que está consciente de haber alcanzado logros muy particulares para una muchacha tan joven, dominicana y sin las conexiones de una familia acaudalada detrás. Habla con soltura pero con suavidad sin estallar nunca en una carcajada o levantar la voz.

Es santiaguera y vive en Cancún, desde el año 2015, donde maneja más de tres mil habitaciones como directora de Grupos y Convenciones de un hotel todo incluido cinco estrellas.

Revisaba un dossier, integrado por varios perfiles profesionales de ejecutivos, y el nombre de Margarita llamó mi atención, por ser la única dominicana y por su preparación académica. Es licenciada dos veces, en Administración y Marketing Hotelero y en Administración de Alimentos y Bebidas, carreras que cursó en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Además, cuenta con la certificación de Certified Meeting Profesional (CMP), “la segunda dominicana en lograrlo”, señala con orgullo pero sin soberbia.

También, realizó un bachillerato en Negocios Internacionales, en Tompkins Cortland Community College, y una especialidad en Evaluación Financiera y Socieconómica de Proyectos del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Y solo tiene 31 años.

Es hija de Rafael Luna, un contador, y de Margarita Castro, también contadora, quienes formaron una familia corta, con solo dos hijas, y son propietarios de un vivero y otros negocios, ninguno vinculado con la hotelería. ¿Cómo llegó, entonces, esta joven a donde se encuentra?

Al escucharla contarlo parece fácil, pero en la práctica ha enfrentado muchos retos, ¿el principal? Vencer su propia mente, asegura. “Una se pone las trabas, no hay nada demasiado grande de alcanzar”.

Ella tiene autoridad para decirlo. En julio del año 2008, recién graduada de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, en Santiago, participa en una feria de empleos, donde solicita trabajo para el proyecto del hotel Moon Palace, en Punta Cana, que aún no iniciaba operaciones. Se sorprende cuando la llaman en diciembre. Califica lo vivido, a partir de ese momento, como una experiencia bonita. “Vi nacer un hotel desde cero”.

Además, valora de ese, su primer empleo, que tuvo la oportunidad de poner en práctica los conocimientos aprendidos en la universidad.

Fue gerente de grupo durante cuatro años. Allí conoció a su actual esposo, Iván Ortega Eguiluz, un mexicano más dominicano que ella, asegura Margarita, empleado también del hotel pero en el área recreativa.

Posteriormente, se produce una separación entre los inversionistas de la empresa, y Margarita e Iván reciben una oferta para irse a México, esto ocurre en el 2015.

Ella califica lo ocurrido como suerte. “Estuvimos en el lugar y en el momento indicados”. En Le Blanc Spa Resorts, que pertenece al mismo consorcio, le asignaron la misma posición que tenía en Punta Cana, Directora de Grupos y convenciones. Se trata de un hotel todo incluido de lujo para clientes de alto poder adquisitivo. “Era un desafío por el tipo de público, muy exigente”.

Pero aquel reto representó solo el inicio en los desafíos que Margarita habría de enfrentar en su desarrollo profesional.

Esta joven, que afirma trabaja por objetivos, decidió dar un paso más, certificarse. Pidió el apoyo del hotel y lo recibió. Se preparó para tomar un examen de cuatro horas, formulado en un inglés muy técnico. “Cuando concluyes, recibes, de inmediato, la buena o mala noticia: si pasaste o reprobaste”.

Margarita lo aprobó. Sus compañeros la felicitaron por su logro, que se dice fácil, pero que muchos no alcanzan.

Solo un mes después de pasar el examen, la empresa vuelve a poner ante Margarita un nuevo reto profesional, esta vez, le ofrece manejar 3,374 habitaciones, en Moon Palace Cancún. Pasó de una operación de 260 habitaciones a una de miles, y Margarita tampoco vaciló. Aceptó el desafío y encabeza un equipo compuesto por veinte personas. Entre los 19 empleados a su cargo muchos pueden ser sus padres. Joven, mujer y extranjera debió ganarse la confianza y el respeto de sus subalternos. Y lo hizo. Se nota cómoda, segura de sí, pero amable, cortés y respetuosa, mientras imparte órdenes.

“En principio, había cierta reserva, pero poco a poco, con paciencia, logré cambiar la percepción. Me intereso por sus vidas, por ejemplo, con los más jóvenes hablo de lo que hacen en el fin de semana”.

¿Qué es exactamente lo que haces?, le pregunto. Lo resume en una frase. “Soy el hada que tiene que hacer que todo funcione”.

Pasaba de las diez de la noche, cuando tuvo lugar esta entrevista y quise saber cuál es su horario. “Depende del trabajo- explica- Si lo que tienes para hacer requiere dos horas, trabajo dos horas, si necesita que pases el día completo aquí, así será”.

Es un criterio que aplica también con el personal bajo su supervisión. Le pregunto si tanta responsabilidad no la ha cambiado. “A mí nada me va a cambiar”, dice categórica, y cuenta que visita República Dominicana con regularidad.

Hasta ahora, su vida ha sido estudios y trabajo, ¿cuándo ampliarán la familia? En esto utiliza los mismos criterios que en el trabajo, por objetivos. Primero fue preparación académica, ahora es el año de la inversión. El siguiente paso será ser madre. Un papel que, de seguro, desempeñará muy bien esta hada que hace que todo funcione.

Personal
Dos amores.
Margarita ha vivido dos historias de amor paralelas, con la hotelería y con su esposo Iván Ortega Eguiluz. Cuenta que, tras conocer a Iván en Punta Cana, iniciaron una relación que se convirtió en matrimonio hace ya cinco años y medio. Explica que no tienen problemas por estar en la misma empresa ya que, de acuerdo a la política de esta, el único requisito es que laboren en áreas separadas. Durante la conversación con LISTÍN DIARIO, Margarita mostró una imagen con su pareja que acababa de tomar ese mismo día. Ambos llevaban ropa para montar motocicleta. “A él le gusta y yo lo acompaño”, dice.

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