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La Vida sábado, 13 de octubre de 2018
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COORDENADAS LITERARIAS

“Un espacio abierto a las ideas”

Clidia Díaz y Gabriela Llanos
Santo Domingo

La amistad de Yulissa Álvarez y Ricardo Martínez comenzó a temprana edad  entre zancadillas y bromas. Pasaron los años y se sumó Sara Hernández, la esposa de Ricardo, también arquitecta, ferviente lectora y amante de la buena conversación.

Los tres juntos, hace ya seis años, decidieron crear un espacio de confrontación de ideas en la tienda de muebles y decoración Urbana. “La idea fue de Sara”, nos cuenta Yulissa, “que quería darle una vocación cultural  a su tienda”, añadiendo que las primeras “tertulianas” fueron un grupo de jóvenes (entre ellas sus respectivas hijas) quienes, habiendo terminado la universidad, contaban con el tiempo y las ganas de iniciarse en la lectura compartida.

Tras un año de enfrentarse a los textos fundamentales de la literatura universal, el grupo fue creciendo, madurando, volviéndose heterogéneo. Un invitado por aquí y otro por allá, los llevó a decidir que Tertulia Urbana fuese un grupo abierto que permite la asistencia de quién así lo desee, con la posibilidad de integrarse en “nomina fija” (“un núcleo duro de quince personas”) o de asistir solamente a la discusión de los libros, las clases o los módulos que más disfrute. Al principio, los títulos escogidos y las actividades programadas se difundían mediante el típico boca a boca, pero “la presión de los amigos” les llevó a abrir una cuenta en Instagram (@tertuliaurbana) en la que comparten su agenda con todos los interesados.

Su método es variopinto: invitan escritores, organizan módulos temáticos, clases y talleres, discuten películas, ópera o poesía. “Una de las actividades que más apreciamos es cuando alguno de los tertulianos propone dirigir la sesión”, confiesa Julissa,  añadiendo que les conceden libertad para presentar el tema; “hay gente que lo hace de manera más académica, otros se apoyan en el material audiovisual, otros leen o simplemente exponen su postura. Lo importante es que se va perdiendo el miedo a hablar en público”, comenta Sara, sumando una anécdota que conserva con especial cariño: la sesión que dirigió su hija de dieciséis años con el libro La espuma de los días, de Boris Vian; “¡Se lo tomó muy en serio!”, recuerda divertida, tanto así que cuando le dirigían algún comentario ella replicaba: “espera que aún no he llegado a ese punto”.

La programación anual es tarea de sus fundadores, sin embargo, los tres reconocen que son las propias tertulias, y su gente, las que van develando los temas de interés. Nos confiesan una característica de Tertulia Urbana que se respeta a rajatabla: el 30 % del tiempo debe reservarse para el debate general. “Hemos mejorado mucho en cuanto al orden y el respeto de los turnos para hablar”, nos dice Sara, se suma Ricardo, añadiendo que el consenso no es una meta, “las ideas suelen quedar abiertas, especialmente cuando el libro es muy bueno”, concluye Yulissa Álvarez.

Un canto al dolor y a la muerte
Este lunes la Tertulia Urbana está dedicada a la obra poética de cuatro autoras norteamericanas que lograron trascender y constituirse en hitos en la literatura norteamericana (todas premios Pulitzer). Dos de ellas,  Sylvia Plath y Anne Sexton representan el género de la poesía confesional nacida en Estados Unidos en el siglo XX caracterizado por nutrirse de la intimidad del poeta. Completan el cuarteto Elizabeth Bishop, considerada un icono de la homosexualidad femenina, autora de versos que observaban el mundo sin caer en sentimentalismos y Louise Glück, la más contemporánea, construye poemas elegantes, directos, transparentes.

La encargada de dirigir esta sesión es Gisselle Moreno, quien con habilidad, rigor y una dosis justa de humor, nos conduce por sus vidas y sus obras.

Giselle describe a Sylvia Plath como una poeta joven, talentosa y hermosa, que se suicidó a los treinta años metiendo la cabeza en el horno. Sus versos eran un espejo donde se reflejaban sus miedos, sus anhelos románticos, su inclinación a la muerte. Nos cuenta que fue el poeta Robert Lowell el encargado de conectar a Sylvia Plath con Anne Sexton, (“con todo el vodka y los Martini que esto conllevó”), quien fuera una de las poetas más transgresoras de los Estados Unidos, con sus depresiones post parto y su teatral muerte (un ritual lleno de vodka, el abrigo de piel de su madre, música y el tubo de escape de su auto). Lissette Vega declama con especial belleza los poemas de Anne Sexton, en inglés primero y después en español. En este punto, Giselle introduce “El arte de perder” un verso de Elizabeth Bishop para exponer el control maestro de las formas y la sutileza de sus registros emocionales. Habla de las visitas continuas a San Elizabeth, el manicomio en donde estaba recluido Ezra Pound en donde la autora sentía el reflejo de lo que había sido su vida. Influenciada por Marianne Moore, su poesía no solo parte de la emoción sino de un conocimiento real, pasando por muchísimas formas, geografía, dolor, amor y erotismo. Minerva del Risco lee un poema de Louise Glück, “Amantes de las flores”,  el último de la noche.

Las dos horas pasan sin darnos cuenta, imbuidas en la biografía de las cuatro poetas, “dos que declaran su dolor, una que lo esconde y otra que hace catarsis en un momento determinado”, concluye Gisselle Moreno, invitándonos a seguir indagando en sus obras, en sus vidas y hasta en sus silencios, “temas todos recurrentes y todavía aplicables a las mujeres en la actualidad”.

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