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La Vida miércoles, 10 de octubre de 2018

Viaje

‘Éxtasis de Santa Teresa’: realista, erótica, mística...

  •  ‘Éxtasis de Santa Teresa’: realista, erótica, mística...

    Féretro. En un ataúd de cristal la escultura yacente de Santa Vittoria.

  •  ‘Éxtasis de Santa Teresa’: realista, erótica, mística...
Carmenchu Brusíloff
Carmenchu
Santo Domingo

Dan Brown le dio entrada en su libro Ángeles y Demonios. Desde su lectura, a mi hija Carmen se le quedó grabada en la memoria: el Éxtasis de Santa Teresa, en la iglesia Santa María de la Vittoria, en Roma. Y plano en mano buscamos la dirección, pues no está incluida en las tradicionales rutas turísticas de la capital de Italia.  

‘Sé que está por aquí’, dice Carmen de manera contundente mientras salimos de la Plaza de la República. Es que pese a ser ésta su primera visita a Roma, ella tiene elaborado un minucioso y estudiado itinerario. Habiendo alcanzado la plaza San Bernardo deambulamos un tanto en zigzag observando los letreros de las calles y los edificios que, por su aspecto, son templos. De repente, en la esquina de la Via Venti Settembre con el Largo di Santa Susana vislumbro una iglesia que, pese a tener escalinata, no me impacta visualmente.

Al acercarnos lo confirman las palabras escritas sobre el dintel de su sencilla puerta de madera: S. Maria della Vittoria. En el exterior del templo, una pareja madura sentada sobre un escalón revisa su móvil y unos papeles. Intuyo que a la búsqueda de información turística. En un peldaño arriba, un individuo solitario hace un alto en el camino. Al fin y al cabo, cuando de descansar se trata, al viajero no le molesta sentarse sobre el duro suelo.

(El templo Santa Maria della Vittoria fue construido entre 1608 y 1620. Su fachada empero es posterior, ya que se realizó para hacer pareja con la fachada de la cercana iglesia Santa Susanna).

Nos adentramos en el espacio en penumbra del templo, entre cuyos muros se esparce el sonido de una música de órgano. Tal conjunción, que afecta a los sentidos de la vista y el oído, es como una inspiración hacia la espiritualidad, pero igualmente a la curiosidad. Las acrecientan las imágenes que aparecen ante nuestros ojos: un féretro de transparente vidrio, cuya iluminación sólo resalta la figura yacente de Santa Vittoria, en cuyo entorno se aposentan  angelitos. A corta distancia miramos a ‘San José calmado en un sueño por un ángel’, según identifica una placa en inglés (‘St. Joseph calmed in a dream by an angel’). De la autoría de Domanico Guidi, data del 1600.

Tras mirar en derredor y proseguir un tanto al albur, estamos en la capilla Cornaro (construida en 1646 por el escultor, arquitecto y pintor Gian Lorenzo Bernini). Aquí divisamos, casi oculta por tubos y otros materiales que imagino están ahí temporalmente por asunto de restauración, su renombrada obra ‘Santa Teresa traffita dall’amore  di Dio’. En español se conoce como Éxtasis de Santa Teresa. La impresionante escultura de mármol, con una altura de tres metros y medio, está alumbrada por la luz que entra de una ventana que hizo abrir con tal fin el propio Bernini.

El conjunto de la santa y el ángel representa una visión de Santa Teresa de Ávila, tomando como punto de partida la descripción que de ella hace la santa en su Libro de la Vida. Por la interferencia que produce el andamiaje que la rodea buscamos el punto estratégico desde donde mejor observar su bellísimo rostro, donde se entremezclan realismo, erotismo y misticismo. Retratarla resulta difícil, pero lo intentamos. La contemplo con admiración y me propongo buscar el escrito que inspiró a su escultor. Aquí tengo una versión de dicho texto. 

SANTA TERESA DESCRIBE LA VISIÓN
‘Veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo grande sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasanÖ Veíales en las manos un dardo de oro largo, y al fin del  hierro me parecía tener un poco de fuego. Éste me parecía meter en el corazón algunas veces, y me llegaba a las entrañasÖ y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos; y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios’.