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La Vida domingo, 26 de febrero de 2017
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ARTES VISUALES

Ernesto Rodríguez: un eterno buscador de emociones

Con la obra Lamedoras de diamantes, el artista visual obtuvo uno de los premios igualitarios del 26 Concurso de Arte Eduardo León Jimenes

  • Ernesto Rodríguez: un eterno buscador de emociones

    Lamedoras de diamantes (2016) es un políptico de seis esculturas. “El proyecto tenía varios años en formación –expresa Rodríguez–, pero la oportunidad del Centro León logró hacerlo realidad”.

  • Ernesto Rodríguez: un eterno buscador de emociones
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  • Ernesto Rodríguez: un eterno buscador de emociones
Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santiago

Dice que no hay manera de medir el arte, que las obras tienen valor en sí mismas y que las categorías que señalan que un artista es superior o mejor que otro son un invento de la historia.    

Por eso disfruta tanto ser multidisciplinario, crear en libertad y encontrarse en cada vuelta con nuevos materiales que le permitan reinventarse en cada obra.    

Como le pasó con Lamedoras de diamantes. En la instalación escultórica que le mereció uno de los tres premios igualitarios del recién finalizado 26 Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, Ernesto Rodríguez comparte el trabajo creativo con un grupo de vacas y materializa una historia que tiene mucho de investigación, paciencia y artesanía.    

Una historia bonita, comenta el artista plástico al LISTÍN DIARIO, que comenzó hace varios años cuando en un establo de Palmar Arriba (Santiago) se encontró con unos pedazos de sal de mina lamidos por vacas.     

“Les veo los huecos y sentí que esas piezas eran esculturas talladas a las que solo les quedaban los huesos. Y pensé en ese momento que esas vacas son mejores escultoras que muchos escultores que conozco, porque hacen prácticamente lo mismo: toman un pedazo de madera y las van cortando hasta que sale la escultura”, explica.    

Los bloques de sal del establo provenían de minas ubicadas en Barahona. “Las vacas los habían lamido y les habían dado formas que me impresionaron”. Entonces decide hacer su propia creación y envía la propuesta al Concurso, resultando seleccionada para la edición 26, que cerró el pasado 19 de febrero en el Centro León.    

Para Rodríguez, era una manera irónica de hacer la misma relación entre escultor y vaca pero en su estado puro, sin pretensiones.     

Con el apoyo del Centro León comienzan las investigaciones y los viajes a Barahona, a las minas de sal y yeso explotadas en esta provincia sureña.     

Ernesto cuenta que hizo turismo, compartió con los mineros y lugareños, se internó en montañas de sal y recorrió muchos de los 21 kilómetros de largo y 14 de profundidad de la mina.    

“Quedé impresionado con aquel espectáculo de sal. Una cosa enorme, montañas de sal que han sido explotadas desde la época de Trujillo. Impresionado de aquellos colores, de aquellas transparencias,  porque no son piedras, es sal que suele dársele a las vacas como nutriente y  es usada también para esculpir y conservar pieles y alimentos”.

Un artista visual de la tierra

Formado en la Escuela de Bellas Artes, en la Casa de Arte de Santiago y en la Escuela de Diseño Altos de Chavón, es la segunda ocasión que Ernesto Rodríguez se alza con uno de los premios del Concurso de Arte Eduardo León Jimenes. En 1998 ganó la edición  17 con la escultura Manténganse fuera del alcance de los niños.   

Ahora, con Lamedora de diamantes, sigue apostando a la relación del hombre con la naturaleza vista a través de animales y minerales.   

El protagonismo tanto de las vacas como de los diamantes, por ejemplo, empieza con el título.  

“Quise hacer una comparación entre los minerales y el animal, algo como la pregunta: ¿qué es más importante: la sal o un diamante? Y la pregunta parte también de esa ironía de relacionar cosas para encontrar similitudes en sus diferencias. En este caso, siempre vas a considerar el diamante una piedra preciosa que vale mucho dinero, pero no la consumes. La sal, en cambio, no vale nada, es barata, pero sin sal no vivimos”.   

Lo de la ironía no sorprende, pues el humor es un elemento recurrente en la obra de Ernesto. Sin embargo, expresa que “no le interesaba hacer un circo con las vacas, sino ver su espontaneidad”. 

“Lo que hicieron fue un proceso de desgaste. No era una máquina que está quitándole material a una pieza. Y es todo muy simbólico porque para ellas la sal es un nutriente. Como solo comen hierba, la sal les suple otros nutrientes. Les procura mejor leche y mejor piel y dicen que las estimula sexualmente. Claro, entre las reflexiones que hago es que las vacas son más inteligentes que nosotros porque ellas consumen solo la que necesitan. Lamían cuando lo necesitaban. Iba dos o tres veces al día a los establos para ver qué había sucedido. Llegué a ver tres y cuatro vacas en un solo bloque”.  

Entre los viajes y la exposición de las piezas transcurrieron unos tres meses. Para transportar el original de cada bloque, de unas 30 pulgadas, fue necesario utilizar una pala mecánica.   

“El Centro León auspició el proyecto, el viaje, los gastos. Se trata de piezas muy costosas. El proyecto tenía varios años en formación, pero la oportunidad del Centro logró hacerlo realidad”, agradece Rodríguez.    

Está agradecido, igualmente, de la acogida que tuvo la obra y contento con el resultado del uso que le dio a un nuevo material.  

“Quería que fuera una obra con resultados. Escultóricamente es un resultado. Y luego están las  investigaciones que hice, los conocimientos que obtuve y sobre todo ese contacto que no había sucedido en mi obra con las vacas, que también resultaron sumamente simpáticas y que son, además, un animal tan simbólico. Fíjate que la vaca es la segunda madre: después de la leche materna la suya es la que más se consume”.    

Ernesto recibió RD$500,000 como parte del premio. Como se trató de un trabajo en equipo, ¿lo compartirá con las vacas que participaron en el proyecto? Sí, asegura, pero no les dará sal.   

“Tengo pensado comprarles varios galones de melaza, algo dulce”.

Gestor cultural
Ernesto no está seguro de trabajar nuevamente la sal de mina.
   

“Nunca he querido hacer de mi obra algo que se repita. Creo en la libertad del artista y su capacidad de seguir investigando y encontrándose con otros materiales”, señala.   En estos momentos el artista visual trabaja con piezas en cerámica y madera y está enfocado en su trabajo de gestión cultural como subdirector del Centro de la Cultura Señorita Ercilia Pepín.    

“Queremos promover el arte en los jóvenes, hacer cosas por la ciudad y por la educación, sobre todo en la formación. Estoy empeñado en ayudar en la formación de los más jóvenes. Y embellecer el edificio, que está bastante deteriorado”.

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