PRENSA JOVEN

2014, un buen año para pensar

EMOCIÓN POR COSAS NUEVAS Y PRETENDES EXPLOTAR TU POTENCIAL

Durante todo el mes de diciembre, me sentí con deseos de escribir algo que valiera la pena leer, en especial algo por lo que personas de mi edad se interesarían. De repente me llegó a la mente una frase que dijo un joven estadounidense quien por su especial condición de autismo viene a ser una de las mentes más brillantes conocidas por mi. El joven en una de sus charlas a estudiantes universitarios (él siendo solo un niño de 13 años) les expresaba lo siguiente: “A veces nos encontramos en situaciones donde nos vemos obligados a parar de estudiar, eso no debería detenernos de pensar”. Durante tres años me he visto atada a lo que supuestamente me dará seguridad de un mejor futuro de vida, sin embargo, a pesar de que durante estos años no he parado de estudiar, no estoy segura si me he detenido a pensar. Cuando terminas el colegio, te gradúas con un montón de dudas. ¿Hacia dónde iré ahora? ¿Dejaré la comodidad de mi hogar para mudarme a otra ciudad y vivir sola? ¿Esto significa que ahora tendré que hacerlo todo yo? ¿Qué tan difícil será la universidad? Al pasar unos meses, te inscribes e inicias la odisea. ¡Y vaya qué difícil es! Sin embargo, es parte del proceso de educación al cual nos vemos sometidos la mayoría de los que emigran de una ciudad a otra con intenciones de expandir nuestros horizontes académicos y por supuesto salir de la “falda de nuestros padres”. Lo confieso, al principio no es fácil, pero como todo en la vida, te llegas a acostumbrar al ritmo de la nueva ciudad al cabo de unos pocos meses. De repente te vuelves más independiente y crees saberlo todo. Te niegas a escuchar lo que dicen tus padres, porque “son épocas distintas” o frases como: “eso ya lo sé” se vuelven más a menudo parte de tu rutina expresiva. PertenenciasConsigues un trabajo, te atrae la idea de producir dinero y quizás algún día cercano ser capaz de mantenerte con tus propias ganancias. De repente, tu ortografía mejora, empiezas a querer cuidar más tu imagen y te das cuenta que tus padres ya no están para velar por ti en todo momento. Esto solo hace que se forje un carácter más autoritario, y a la vez dependiente de lo nuevo que te rodea. Sustituyes amigos de infancia por los llamados futuros colegas y hasta conoces nuevos amores. Todo esto a medida que vas estudiando una carrera universitaria, la que muchas veces creemos que nos hace sentir llenos o únicamente estudiamos porque los padres así lo querían. Y así continúa la vida, durante tres o cuatro años te ves envuelto en un mundo nuevo. Trabajas y estudias, y aún así te la arreglas para mantener buenas calificaciones. Tus padres orgullosos hablan bien de ti a sus amigos, mientras pasas las mil y una por mantener ese prestigioso título de “hijo/a ejemplar”. Pasan los años, dos, tres, te ves terminando una carrera universitaria, la que entiendes no será lo suficiente como para conseguir el empleo que sueñas tener. Te preparas, te lanzas en búsqueda de retos, pero a la vez te diviertes, porque en los inicios de los veinte obviamente no todo será estudio. Durante el trayecto encontrarás piedras en el camino, muchas querrán con todas sus fuerzas hacerte caer, encontrarás asimismo, manos amigas, muchas querrán con todas sus fuerzas levantarte si caes, y te encontrarás a tí mismo. Te vuelves una persona menos ilusa, una persona con pensamientos más cercanos a la realidad, y simplemente no hay vuelta atrás. Te das cuenta que la universidad te enseña a dudar, a ser más competitivo porque no te queda de otra. Aparecen nuevos intereses y cultivas los intereses que ya tenías desde hace un tiempo atrás. Te enseñan a pensar, sin embargo no siempre lo hacemos. Lees y crees entender lo que dicen los libros, escuchas a los profesores universitarios y demás, y aprendes a cuestionar la realidad que pensabas era la correcta. Hasta llegas a sentir pasiones por cosas nuevas y pretendes explotar tu potencial. Todo esto, como parte de nuestra joven vida. A veces, llegas a un punto de tu vida, donde quieres parar de estudiar, porque “estás cansado de lo mismo” y dudas de tu mañana empiezan a aparecer. LAS PERSONAS BRILLANTESParar de estudiar es válido, pero, ¿parar de pensar también lo es? Las personas brillantes se caracterizan por tener algo en común, son personas que nunca dejan de pensar, aún encontrándose con limitaciones de estudios. Si has escuchado alguna vez la expresión: la mente es poderosa, yo la modificaría a: poderoso es aquel capaz de pensar. Conocimientos básicos de una cosa se pueden poner en práctica de la forma más eficiente, simplemente con un cálculo previo “bien pensado”. Termino mi artículo citando a uno de los mayores pensadores de la humanidad, Descartes: pienso, luego existo. Y tú, ¿ya has comenzado a pensar?

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