Gastronomía

El legado del viejo Radetzky

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Caius Apicius (EFE)Madrid, España

Para cientos de millones de personas de todo el planeta, el día de Año Nuevo está ligado indisolublemente a la Marcha Radetzky, con la que la Filarmónica de Viena cierra el popular concierto de Año Nuevo, televisado a un montón de países desde la Musikverein vienesa. Tan conocida es esa Marcha, escrita por el fundador de la dinastía Strauss en 1848, que si preguntamos a alguien de qué les suena el nombre Radetzky contestará, salvo que sea militar o austríaco, que de esta Marcha, y no de otra cosa. Así que Johann Strauss padre y, sobre todo, la Wiener Phillharmoniker, son los responsables de que se siga nombrando a este mariscal austríaco. Radetzky fue, en efecto, un militar al servicio del Imperio, antes de que éste se llamase austrohúngaro: fue mariscal del Imperio austríaco. Nació en Trebnice, localidad de Bohemia, hoy en la República Checa; y su nombre completo fue Johann Joseph Wenzel Graf Radetzky von Radetz, que se queda en Joseph Radetzky. Participó en las guerras napoleónicas y en las campañas italianas de Austria; fue el triunfador en la batalla de Novara, en 1849, cuando tenía 83 años. A consecuencia de esa batalla, el rey de Cerdeña, Carlos Alberto, abdicó en su hijo Víctor Manuel, que años después lograría la unificación de Italia bajo el trono de los Saboya. Un personaje interesante que traemos a estos comentarios por un “mérito” que no tiene que ver con lo musical ni con lo militar: hay quienes le atribuyen nada menos que la introducción en Austria de lo que hoy llamamos “Wiener schnitzel”, es decir, de la clásica milanesa, el habitual escalope empanado que, en un principio, no era un escalope, sino una chuleta, con hueso incluido. Con el tiempo se pasó de la chuleta al escalope, y encima se puso de moda el llamado “orecchio d’elefante”, muy ancho y muy fino, con más pan rallado que carne. La milanesa, al llegar a Viena, perdió grosor; por otra parte, pasó de ser frita en mantequilla a hacerse en manteca de cerdo, y de ser un corte de lomo a valer cualquier tipo de escalope de ternera... y hasta de cerdo. Quienes adjudican el mérito al mariscal Radetzky fechan la apropiación de este “botín de guerra” en 1857, cuando las tropas austríacas sofocaron la insurrección de los milaneses. Fuera así o no, el hecho es que el “Wiener schnitzel” (literalmente, filete vienés) es, hoy por hoy, una de las imágenes gastronómicas más conocidas de la capital de Austria, junto con esa tarta deliciosa llamada Sachertorte. Radetzky pudo haber probado esta maravillosa tarta de chocolate y mermelada de albaricoque, creada por Franz Sacher en 1837. En todo caso, y en honor del viejo mariscal, no estaría mal hacerse uno de estos días del nuevo año, un Wiener schnitzel (no olviden decorar su superficie con una rodaja de limón sin piel sobre la que se cruzan dos filetes de anchoa) como plato principal y una tarta Sacher para el postre. PARA EMPEZAR BIEN EL AÑOCon el escalope pueden beber un tinto no demasiado poderoso; para la tarta, nada superaría a un Trockenbeerenauslese austríaco, un excelentísimo vino dulce. Claro que... si por casualidad encuentran un Eiswein (vino de hielo) igualmente austríaco, aunque también podría ser canadiense, miel sobre hojuelas. De lo que se trata es de empezar bien el año. Y nadie como Radetzky simboliza la imagen del Año Nuevo, aunque más que de imagen deberíamos hablar de música. Y es que la Marcha Radetzky es al día de Año Nuevo algo así como el Stille Nacht (nuestro “Noche de Paz”) al de Navidad.

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