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La Vida martes, 26 de noviembre de 2013

LOS RIESGOS CAMBIAN DEL AMBIENTE RURAL AL URBANO

Niñas que cuidan niños

Los infantes al cuidado de otra menor inmadura no pueden protegerse de las seducciones del exterior o la propia familia y terminan siendo víctimas de abuso.

  • Niñas que cuidan niños
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Li Misol
li.misol@listindiario.com
Santo Domingo

Saiyuri comenzó a cuidar de sus hermanos y a hacer los oficios del hogar a la edad de 9 años, mientras sus padres trabajaban hasta tarde. “Por mucho tiempo asumí la vida como un lugar donde solo tienes responsabilidades”, dice.

Pero no le guarda rencor a su madre. Al contrario, asegura que es un ser humano extraordinario. Aunque no puede evitar hoy, a sus 25 años y con un hijo de cuatro, sentir que hubo algo de injusticia en la forma en que fue criada. Estudió y salió adelante, pero no tuvo la misma vida de otras chicas de su edad.

Saiyuri ha vivido toda su vida en un ambiente urbano, pero, según comenta Santa Mateo, asesora de género de Plan Internacional en RD, el fenómeno de las niñas al cuidado de sus hermanos es más evidente en comunidades rurales (en especial las más pobres) y en barrios marginados de la zona urbana.

“Una chica en un ambiente rural quizás tenga mucha carga frente a tareas concretas, el control de los hermanos para que no se alejen y así evitar riesgos como el río, animales, etc. A veces en ambientes rurales hay más de solidaridad de adultos alrededor”, indica Lourdes Pérez, coordinadora de Educación de Visión Mundial en RD.

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PELIGROS EN EL AMBIENTE URBANO

En la ciudad todo se complica por las condiciones específicas de la pobreza. Hay limitaciones como el tipo de vivienda y el hacinamiento. En la ciudad, si un infante sale de su casa puede ser atropellado por un vehículo, abusado por terceros, ser utilizado como mula, entre otros peligros.

“Niños y niñas suelen estar al cuidado de otra menor ... que carece de destrezas para manejar las seducciones...”, dice Lourdes Pérez.


Lo doméstico: pasaporte de vida de las niñas
La sociedad legitima el hecho de que las niñas mayorcitas de la casa se hagan cargo de hermanos y hermanas menores y tareas del hogar. “Eso no es nada”, “es por su propio bien para que aprenda”, “ella tiene que ayudarme porque yo soy su madre”, son algunas de las excusas con que la familia y la sociedad se dan permiso de violentar el desarrollo de esas infantes.

Cuando cuidar a los hermanos y hacer los oficios de la casa se vuelve la labor central en la vida de una niña, entonces se limita o anula su participación en labores escolares, espacios lúdicos de diversión, imprescindibles para su desarrollo.

“El tema de lo doméstico en las niñas pareciera que se convierte en el pasaporte para su vida. Mientras más manejan el tema, padres y madres piensan que están preparadas para la vida”, comenta Santa Mateo, asesora de género de Plan Internacional.

Y Añade: “Es algo violentador porque troncha muchos sueños y cuando nos ponemos a ver los números de niñas y adolescentes embarazadas ya a los 13 y 14 años y vas al seno familiar te vas a dar cuenta de que ella cuida o ha cuidado a sus hermanos desde pequeños y se supone entonces que puede cuidar al suyo”.

Embarazo temprano
Las niñas aprenden el sentido de la maternidad no porque quieran sino porque el entorno social en que se desenvuelven les da permiso. Para las jovencitas es el rol que les toca jugar.

No es de extrañar entonces que en República Dominicana, según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), hay 22.1% de adolescentes que han estado o están embarazadas, cifra que aumenta en Azua, con un 37%; Bahoruco con un 35% y Santiago con un 29%.

“La situación de vulnerabilidad de las niñas y adolescentes dominicana es seria y grave, más de lo que imaginamos, porque no hablan con nadie, ni siquiera con su mamá; prefieren callar los abusos y  dudas. Por eso las cosas llegan tan lejos”, asegura Mateo.

Al silencio hay que sumarle la desinformación. La psicóloga y terapeuta familiar de Profamilia, Marina Orbe, considera que la falta de educación, y específicamente de educación sexual, con énfasis en métodos adecuados de planificación a cada edad, ha acarreado la epidemia de embarazos, situación que puede revertirse con voluntad gubernamental.

De su lado Lourdes Pérez, coordinadora de Bienestar y Educación de Visión Mundial RD y también psicóloga, señala que el dar roles parentales a las niñas y verlas como adultas facilita unas condiciones de relacionamiento (no relación) con un adulto.

“Puede ser seducida y sufrir una violación que no tiene que ser necesariamente con violencia, y en esta situación ya su persona, su desarrollo está siendo violentado. Muchas veces viene de un entorno donde ha vivido otras formas de violencia, sea exclusión, maltrato o experiencias previas de abuso sexual”, indica.

En otros casos, lo que sucede es que luego de una infancia al cuidado de los hermanos y la casa, la adolescente se une voluntariamente en pareja.

“Lo hacen para salir del círculo donde han estado toda la vida, salir del control de los padres, pero resulta que van a un ambiente parecido, donde se van a llenar de hijos y quien va a ejercer control sobre ella entonces es el marido ante quien se encuentran emocionalmente en desventaja”, expresa Marina Orbe.

En términos generales, cuando toma la decisión de empezar una relación y luego cuando se embaraza, la adolescente se expone a mayor probabilidad de dejar sus estudios, mayor probabilidad de tener que cambiar de pareja para sostenerse económicamente,  embarazos sucesivos y violencia de género.

Las consecuencias
El embarazo trunca el proyecto de vida de una adolescente. Según registros de Plan Internacional y su proyecto Por ser niña en República Dominicana, una de las principales razones de deserción de las adolescentes del sistema educativo es el embarazo; las mismas abandonan los estudios por presión social, familiar y de la escuela viéndose obligadas a estudiar en tandas nocturnas o a desertar. El 18% de las adolescentes entre 14 y 17 años desertó por esta razón.

Santa Mateo comenta: “Un embarazo las saca de su entorno social, las saca de la escuela, las convierte en mujeres por el hecho de parir, la sociedad las cuestiona, su familia las cuestiona, no se les abren oportunidades porque se entiende que debe dedicarse  a atender a su hijo, no hay oportunidades para que esa joven después de tener a su hijo, reconozca que tiene que continuar con su vida y dar otra mirada a su futuro”.

Marina Orbe, psicóloga de Profamilia, añade que suele darse en la juventud temprana de estas chicas un sentido de rebeldía: “Después de pasarse la niñez cuidando hermanos y la adolescencia atendiendo al marido y los hijos estas chicas están cansadas, están agotadas en lo afectivo, quieren vivir experiencias que no han experimentado como salir, distraerse, bailar, hacer lo que deberían haber hecho, esto muchas veces acarrea abandono de los hijos y la violencia de la pareja que busca una mujer sumisa”, puntualiza la psicóloga.

Lo que se puede hacer
La primera recomendación es que las mujeres tengan los hijos que puedan cuidar y mantener. También es vital continuar educando, sobre todo en primera infancia y lograr que el Estado garantice sistemas de apoyo externos para evitar que las familias busquen soluciones a lo interno, eligiendo a niños y niñas para realizar roles de adultos.

“La mujer dominicana que tiene hijos necesita acceder a opciones donde sus hijos e hijas puedan ser cuidados, que haya políticas públicas que garanticen atención y protección a través de apoyo externo para niños y niñas en primera infancia cuando la familia no puede y que no se permita que las niñas tengan que cuidar a sus hermanos”, dice Lourdes Pérez, coordinadora de Educación de Visión Mundial.

Añade que las mujeres que cuidaron a sus hermanos deben reflexionar sobre lo vivido para no someter a sus hijas a lo mismo.