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La Vida jueves, 16 de agosto de 2012

ALGO QUE CONTAR...

Al borde de la desesperación

  • Al borde de la desesperación
Laura Rodríguez
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Si eres como yo, un frágil humano lleno de defectos y cosas por cambiar, que enfrentas circunstancias para las cuales a veces no te sientes preparado, que sufres con las injusticias que el  mundo te arroja en la cara; y te caes y te levantas, y luchas, y a veces crees que ya no puedes más, quiero decirte algo: por más días oscuros que he tenido y tiempos de penosa  soledad, abrir mi corazón a Dios, y buscarle en los momentos de mayor angustia, siempre me ha ayudado a seguir adelante.

A veces creemos que nuestros problemas y situaciones son tan profundos y tan trágicos, que nos hacen el ser más desdichado de la tierra. Pero si algo he aprendido a través de la palabra de Dios, es que su amor es más grande que todo aquello que existe. Confiar en ese amor me da esperanza.

Cuando nos encontramos, como describe la popular expresión “al borde de la desesperación”, lo más importante, y hasta irónico, es que no debemos desesperarnos. En la vida hay situaciones tan duras, como sacadas de un cuento de terror!, pero la luz de Cristo vence todas las tinieblas (es otra de las cosas que he aprendido con Él).

En esos momentos tan terribles, la templanza y la valentía son tan necesarias como una palabra de aliento. Sin importar cual es la magnitud de tu falta o problema, Dios siempre tendrá una palabra de aliento para ti y una promesa que puede cambiar tu presente y tu futuro, y claro está en ti escoger el ser valiente. No existe una fórmula mágica, basta solo decidirte a creer y confiar. Otra clave es no perder la perspectiva: en nuestros días grises, todo es gris! No sabemos identificar las cosas buenas a nuestro alrededor, es una trampa y espero que sepas reconocerlo a tiempo. (Hablo a través de mi experiencia personal). Por último, comparto esta promesa bíblica, la cual puedes estar seguro es para ti: “No temas porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú eres mío” Isaías 43:5. Tú le perteneces a Dios!, déjale a El esos abismos escabrosos de la desesperación.