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La Vida jueves, 01 de marzo de 2012

CULTURA

El arte de la curaduría

EL CURADOR O COMISARIO DE ARTE DETERMINA QUÉ VERÁ EL PÚBLICO EN UNA EXPOSICIÓN Y CÓMO LO VERÁ

  • El arte de la curaduría
    Contemplación. Dos visitantes observan la obra “Le Transformateur”, de Pablo Picasso, en una galería de Nueva Delhi.
  • El arte de la curaduría
Jaclin Campos
Santo Domingo

La curaduría es más que ordenar obras en una sala de exposiciones. Se trata de una práctica compleja y multidisciplinaria que demanda investigación y rigor.

“La curaduría es la puesta en escena de la producción artística, pero en el campo de la reflexión, para pensar y analizar la obra”, dice Amable López Meléndez, curador jefe del Museo de Arte Moderno.

El término curador, que procede del inglés “curator”, es de uso relativamente reciente y tiene su antecedente directo en la figura del conservador o comisario de arte, técnico que ya existía en Europa en la década de 1930.

Importancia
El curador decide qué verá el público en una exposición y cómo lo verá. Por tanto, puede decirse que cuida de la obra (en consecuencia, del artista) y del museo, galería o centro cultural como marca.

Según Abil Peralta Agüero, curador residente de la colección permanente de la Cámara de Diputados, esta labor puede determinar el éxito o fracaso de una muestra.

En tanto, para Karenia Guillarón, coordinadora de Artes Visuales del Centro León, el trabajo del curador es vital en tanto desempeña un rol político: “Es un comunicador de ideas que adquieren resonancia en la esfera pública. Y, cuando digo comunicador, dejo claro que se trata de alguien que intercambia ideas, significados”.

Así como hay editores en la literatura y diseñadores en la moda, una exposición necesita la coherencia y síntesis discursiva que le proporciona el trabajo del curador. 

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CAMPOS DE ACCIÓN DEL CURADOR

Para Karenia Guillarón, un curador es un mediador entre el artista y su público, entre la obra y el público, entre la obra y el espacio de exhibición.

El trabajo de este experto se desarrolla en diferentes ámbitos. Si aborda un proyecto de exposición, es el encargado de que ésta posea un marco teórico conceptual y de que mantenga su calidad.

El curador residente (que labora para una institución específica) no hace sólo la selección de obras para una muestra: vela por la colección permanente de la organización. 

El poder del curador
Algunas personas consideran que el trabajo curatorial es un arte en sí mismo, pero ¿no le roba esto protagonismo al artista? Esto se ha discutido en años recientes en foros internacionales. De hecho, en el 2000, el congreso de la Asociación Internacional de Críticos de Arte abordó el tema.

“El curador ha devenido en una figura poderosa capaz de posicionar, pero también de destruir la carrera de un artista o un proyecto”, asevera Amable López Meléndez, curador jefe del Museo de Arte Moderno.

Los grandes curadores internacionales, a quienes él llama “las estrellas de la curaduría”, manejan las bienales y deciden qué país o artista participa en un evento.

“La práctica curatorial está traspasada por los intereses económicos que se mueven en el mercado del arte”, asegura.

Abil Peralta Agüero, quien se formó como curador con profesores del Centro Cultural Borges de Argentina, recuerda que sus maestros le advirtieron que el curador se había convertido en una figura demasiado avasallante.

“Pero hay un principio que dice que, aun con el artista fallecido, el curador debe mantener una conciencia clara de que su rol no es el del creador”, dice. “El sujeto protagónico debe ser el artista”.

Colaboración
Cuando el curador, comisario o conservador trabaja junto a un artista en la organización de una determinada exposición, la relación entre ambos debe ser estrecha.

“La clave de la curaduría de una exposición es el diálogo con el artista”, dice López Meléndez.

Es que, para entender el significado de una obra, se debe conocer a su creador, y esa tarea toma tiempo.

Peralta Agüero, quien tiene 15 años de experiencia como curador, cuenta: “La mayor satisfacción del trabajo curatorial es la pasión y los vínculos viscerales que se dan entre el artista y el curador. Esa unión, junto con la comprensión del gestor o la institución que organiza, crea un triángulo muy apasionado”.

Pero, como en toda relación, hay que saber manejarse con caracteres distintos y, en ocasiones, complicados. Sin embargo, cuando un artista descubre que el curador busca fortalecer su obra, trayectoria y reconocimiento en el mercado, tiende a facilitar el trabajo.

A veces, comenta Peralta Agüero, existen personas del entorno del artista o de la institución que contaminan el proceso y entonces el curador debe ejercer su autoridad y enfrentarlas, todo en aras de un buen resultado.

“El fracaso de un proyecto curatorial, según la mirada contemporánea, no es del artista: es el fracaso del curador”, afirma Peralta Agüero.

Por eso entiende que un curador que no crea sinceramente en un proyecto no debe involucrarse en él.

Artistas y galeristas
Un artista podría curar su propia muestra, pero no es lo más recomendable. Le resultaría harto difícil ser juez y parte.

Ahora bien, sí hay artistas que hacen curaduría. Y, en opinión de López Meléndez, estos tienen muchas condiciones para la labor en cuestión.

“Ellos son conocedores de su propia materia”, expresa.

Por otro lado, hay galeristas que han alcanzado elevados niveles de calidad y que cuentan con tan vasta experiencia, que pueden hacer una excelente labor curatorial.

Selección
Para seleccionar las obras que finalmente formarán parte de una muestra el curador toma en cuenta criterios técnicos y de contenido. Es de vital importancia la calidad de la obra en términos estéticos, pero también su relevancia social.

En el caso del artista fallecido el conservador tampoco actúa intuitivamente, sino que parte de principios de investigación histórica, estética, cultural y política.

También se detiene en la importancia histórica de la obra. Una pieza puede tener fallos desde el punto de vista técnico, pero entrar perfectamente en una muestra si se trata de un documento histórico relevante.

En definitiva, como dice Peralta Agüero, el curador se convierte en la autoridad decisoria de lo que conviene a la trayectoria de un artista y de lo que la sociedad necesita recibir de un determinado creador.

Mercado
Al hablar del mercado de la curaduría en el país, los expertos difieren. Peralta Agüero entiende que sí hay mercado para los profesionales de esta área.

López Meléndez, sin embargo, opina de otro modo: “Mientras no se reconozca el valor del trabajo intelectual en términos financieros, la práctica curatorial va a estar siempre al margen y será una actividad de poses, de moda”.

Según él, aunque los museos y centros culturales del país han encontrado personal capacitado, esas instituciones no crean oficialmente el cargo de curador.

“Es que no pueden entenderlo, porque la curaduría es una práctica muy compleja”, plantea López Meléndez.

Para Karenia Guillarón, coordinadora de Artes Visuales del Centro León, el país carece de un sistema institucional suficientemente fuerte para el ejercicio de la curaduría y las artes en general.

“Es una relación en dos sentidos la que se establece entre la formación y el sistema institución arte -explica-: la formación débil no permite que el sistema institucional vinculado a la curaduría se fortalezca y, si no hay un sistema institucional sólido, ¿qué sentido tiene formar curadores?”. 

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DE FORMACIÓN AMPLIA Y MULTIDISCIPLINARIA

El curador precisa una formación amplia y multidisciplinaria. Debe saber de estética, historia y psicología del arte, historia de las civilizaciones y de las religiones, antropología, etnología, arqueología, arquitectura (porque las salas donde se exhiben las obras son espacios arquitectónicos), crítica de arte, la trayectoria de los artistas del país, estilos artísticos y materiales empleados en la producción de obras de arte.

Como carrera la curaduría es una disciplina relativamente joven. Tiene unos 15 años en las grandes academias internacionales. En el país no se estudia a nivel superior.

Además de la formación académica, Karenia Guillarón, coordinadora de Artes Visuales del Centro León, dice que el curador debe procurar poseer otra cantidad de saberes y estar alerta ante los acontecimientos que se suscitan en la sociedad contemporánea y a los que, a la larga, tendrá que apelar en el desarrollo de su práctica profesional. Aunque, según ella, lo ideal es que el curador estudie Historia del Arte o una carrera afín, esto no es obligatorio.

“Conozco rigurosos profesionales en el área que poseen otros estudios y a quienes los intereses o los caminos de la vida los han llevado a dedicarse a esta disciplina”, comenta Guillarón, quien aprecia de la curaduría la posibilidad de expresarse, generar significados, asociaciones y emociones.

En el país la única carrera afín a esta disciplina la imparte la UASD: Licenciatura en Historia y Crítica del Arte. El director de la Escuela de Crítica e Historia del Arte de dicha universidad, Odalís Pérez Nina, informó que está en proceso la creación de una Maestría en Crítica de Arte y Curaduría.