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La Vida miércoles, 28 de diciembre de 2011

PURO ECOTURISMO

El reto: encontrar a la Virgen

ESTÁ EMPOTRADA EN LA PARED DE UNA DE LAS GUÁCARAS DE HERNANDO ALONSO, AL OESTE DE LA PROVINCIA SÁNCHEZ RAMÍREZ

  • El reto: encontrar a la Virgen
    Loma El Cojobal. La entrada a la cueva corta el camino de la ladera e invita a pasar. Una vez dentro, comienza la exploración... y el juego.
  • El reto: encontrar a la Virgen
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  • El reto: encontrar a la Virgen
  • El reto: encontrar a la Virgen
Yaniris López
La Mata, Sánchez Ramírez

Lo difícil no es llegar. Para un viajero acostumbrado a las caminatas, alcanzar la guácara de Hernando Alonso conocida como la “Cueva de la Virgen” es facilísimo. Se encuentra en una ladera de la loma El Cojobal, a 20 minutos a pie de la carretera que lleva al centro del distrito municipal, al oeste de la provincia.

Antes de alcanzarla, se deja atrás un pequeño cacaotal, un riachuelo, una verde sabana y piedras blancas que sirven para el reposo.

La Virgen de la guácara de Hernando Alonso
El negro de la boca de la guácara recibe a los curiosos. Los ojos se acostumbran a la oscuridad de los primeros metros, pero no más. Ni siquiera los focos logran alumbrar toda la cavidad. Mientras se avanza, hay que tener cuidado con la murcielaguina, con las rocas húmedas del suelo que cortan el camino y con las formaciones del techo, que amenazan las cabezas. No es fácil determinar el tamaño de la cueva, porque otras pequeñas cavernas se desprenden del camino principal, formando una especie de lúgubre laberinto.

En las primeras rocas se pueden ver dos o tres petroglifos y las escenas de taínos correteando y dibujando se adueñan de la mente. A pesar de la oscuridad, es emocionante estar allí. Cinco metros más y los focos no sirven de mucho, por lo que hay que hacer uso del flash de la cámara para seguir avanzando. Tras una primera exploración, hay que buscar a la Virgen. Después de los petroglifos, es ella el principal atractivo de la guácara principal de Hernando Alonso, en el municipio La Mata, una de las muchas que forman parte del sistema de cuevas del Parque Nacional Aniana Vargas.

“Está pegada a la pared”, dicen Timoteo, Jorge y Cholo, tres amigos de Fantino que nos sirven de guía, “veamos quién la encuentra primero”. Y los focos comienzan el juego. Buscan aquí y allá. Los murciélagos vuelan, los rayones aparecen en primer plano. “¿Cómo es la Virgen? ñpreguntamosñ, ¿quién la trajo aquí, qué forma tiene?”. Lo sabrán cuando la encuentren, responden los chicos.

LA ROCA QUE PARECE UNA VIRGEN
Como el visitante busca posiblemente una figura de yeso puesta allí por los lugareños, cuesta un poco encontrar a la Virgen. La oscuridad lo arropa todo. Los ‘flashes’ de los focos y de la cámara continúan la búsqueda. Llegamos al final de la recámara, cortada por un derrumbe de rocas ocurrido hace unos años, y, al voltear de regreso para seguir escudriñando las paredes, aparece ella: la Virgen de la guácara de Hernando Alonso, una formación rocosa moldeada por la naturaleza (espeleotema) que, una vez pasada la primera impresión, sí parece que tuviera cabeza y cuerpo de doncella (cabellera incluida). Y no cualquier doncella. Estudiantes y viajeros visitan la cueva varias veces al año para conocerla.  Este tipo de formaciones es común en las guácaras dominicanas, dice Adolfo López Belando, arqueólogo, investigador y propulsor de la creación del Parque Nacional Aniana Vargas.

Abandono
La guácara de Hernando Alonso fue reportada en 1912 por Narciso Alberti Bosch. En su interior se han contabilizado petroglifos de importancia, especialmente en las rocas de la entrada. El lugar, abierto al público, no dispone de vigilancia. La Sociedad Ecológica de Fantino (SEF) ha denunciado varias veces el abandono en que se encuentra la guácara, ubicada a unos 10 minutos en vehículo del centro del pueblo.