ALGO QUE CONTAR...
¡Nadie como mi mami!
Muchas personas normalmente no entienden el verdadero valor de lo que es tener una madre. No aprovechan la oportunidad que Dios les da para estar al lado de esa persona que entregó su vida para traer al mundo una vida más. Hace unos días, tuve un sueño en el cual estaba en un parque de diversión compartiendo con unos amigos. De repente, escuché una voz suave que me llamaba y pude ver que era mi adorada madre, quien me buscaba para darme una mala noticia: Tenía que irse por un año fuera del país, para hacer su residencia en los Estados Unidos. ¡Wao! Nunca pensé que me dolería tanto escuchar algo así. Pensé que no le había dicho cuánto la quiero, que no había aprovechado el mayor tiempo a su lado. Quizás le he hablado mal y no le he pedido disculpas. Pensé cómo he mal gastado tantos momentos. Sin embargo, no he hecho el mínimo sacrificio para disfrutar la bendición de tenerla conmigo. Cuando me enfermo, ella entrega todo su tiempo para cuidarme y alentarme, pero no soy capaz de buscarle el mejor médico cuando ella está indispuesta. Al despertar de mi sueño, vi cómo en mi rostro caían lágrimas de pensar en todo el tiempo perdido y las cosas que no le he dado a esa persona tan maravillosa, entregada, sensible y completamente amorosa, como es mi madre. ¿Por qué no darle todo el amor necesario? ¿Prestas la atención suficiente a tu madre? Te invito a darle el mejor premio que puedas brindar: llámala cuando menos lo espere, dile cuánto la amas, cuánto le agradeces y la admiras por haberte traído al mundo. No esperes a que esté lejos de ti para decirle que la extrañas o, en el peor de los casos, que deje de existir para desear que vuelva a tu lado aún sabiendo que no le demostraste cuán importante era para tí. Da gracias a Dios por tener a alguien incondicional que lo ha dado todo por tí sin esperar nada a cambio. Nomínala al premio de la mejor madre del mundo y regálale lo que nunca ha tenido de tí.

