REALIDAD Y FANTASÍA
Emma rinde homenaje a doña María
Cuando le comuniqué a Emma la fatídica noticia, soltó la sartén que llevaba en la mano y se cubrió el rostro, rompiendo a llorar con grandes hipidos. Había muerto María Ugarte, Emma la sentía como alguien de la familia. Durante muchos años charló animadamente por teléfono con la distinguida periodista que llamaba reclamando el artículo que yo no había enviado al periódico. Emma y Doña María se hicieron buenas amigas, a la periodista le encantaba el modo de ser desenfadado y dicharachero de mi inefable factótum. Incapaz de consolar a Emma me dirigí a mi cuarto a prepararme para el funeral. En tanto me vestía, caí en cuenta de que Emma había convertido a Doña María en una especie de heroína de telenovela y la había colocado en un panteón especial, en el fondo de su corazón. Aquello hubiera sido muy del agrado del travieso espíritu de esa mujer singular. Para mí, Doña María fue como una especie de madre espiritual. Cuando la conocí era ya una famosa periodista nimbada de leyenda. Miembro del famoso grupo de exiliados de la guerra civil española, se había labrado una carrera como periodista e historiadora en el país, al que llegó a querer como suyo propio. Me invitó a escribir en el suplemento literario del Caribe, sin lugar a dudas lo mejor que se publicaba, en ese entonces. Fue siempre una guía firme que no dudaba en corregir mis errores y en alabar mis aciertos. Se convirtió en amiga y consejera, animándome a escribir sobre arte, arquitectura, literatura y acogiendo con entusiasmo mis artículos sobre las andanzas de Emma, como modo de comentar el acontecer nacional. Cuando pasé por la cocina, Emma enjugándose las lágrimas, me prometió que iría a una de las misas y que nunca olvidaría a la insigne dama. Tampoco yo..

