PSICOLOGÍA A SU ALCANCE
Lo primero debe ser lo primero
Sumidos en cuanto nos retrae de la realidad a fin de mitigar ansias y preocupaciones causadas por la cotidianidad que enferma emocional y físicamente, evocamos apesadumbrados el momento en que reinaba la hermandad. Los abuelos atesoraban objetos por si alguno lo requería, ¡qué diferente al tiempo actual! Guardamos y valoramos poco, pues casi todo es canjeable o desechable. Al final del año escolar, al cambiar de trabajo o mudarnos, nos apenaba la despedida por el fuerte vínculo afectivo creado en el medio donde convivíamos. El afecto está embotado, muchos se van sin un adiós, sin un hasta luego. Preferimos enviar tarjetas virtuales a escribir una postal con nuestra letra. Al llamar a una institución tras agotar un tiempo con la secretaria automática, una voz entre amable y rápida nos atiende recordándonos: “La próxima vez use la opción X”. La amistad y familia desfallecen por falta de tiempo. Los hemos cambiado por el deporte, cerveza, playa, sexo... Navegamos por Internet buscando amistad sin interesarnos en los que ya poseemos. Los días son tediosos al perder de vista el encanto de lo simple. Gocemos el ruido del niño que pronto crecerá y habrá silencio y gocemos las quejas del anciano, que pronto dejará un vacío. Que el afán no impida tolerarnos, llamarnos, abrazarnos, tocarnos y comprendernos mientras estemos vivos. “Por mucho que afanes no añadirás un codo a tu estatura”, dice el Señor.

