COSAS DE DUENDES

Lo que hace un policía nervioso

El viernes en la noche llegué por casualidad a la escena de un tiroteo donde murió una persona. En realidad, ya era sábado porque pasaba de las doce. Regresaba a mi casa luego de ver una película. Estaba cansada y por eso, en cuanto la película terminó, me despedí. Mi día había sido agotador debido a la cobertura que desplegamos en listindiario.com a raíz del terremoto y el tsunami en Japón. Así que, adormilada, al llegar a la rotonda de Arroyo Hondo, vi medio centenar de vehículos de la Policía cerrando el paso a las vías que allí convergen. Me pareció estar en la escena de una película y pensé que no sabía que en esta ciudad había tantas patrullas. En lugar de detenerme, como lo manda la aprudencia, seguí avanzando y bajé el cristal. Escuchaba unos gritos como de una gran discusión. La mayoría de las patrullas atravesadas en la calle próxima a mí, estaban vacías. Observé los alrededores, no había forma de cruzar hacia mi casa. Entonces, vi un agente subido en la parte de atrás de una camioneta. Menos mal, me dije, este señor me explicará por donde puedo cruzar. Le pregunté “Agente, ¿qué pasa? voy a mi casa, ¿por dónde puedo pasar?” El policía permaneció en silencio, me miró de frente, sacó su arma y la rastrilló. Yo iba a insistir cuando una vocecita interior me dijo “Alicia, este señor te acaba de sobar una pistola y tú no sabes lo que está pasando aquí”. Reaccioné, subí el cristal del carro, y avancé buscando una opción para salir de allí. A cierta distancia, un grupo de curiosos miraban hacia el lugar desde donde seguían llegando gritos. Les dije si tenían una idea de qué pasaba. Uno me respondió: “Mataron a un hombre”. “¿Usted sabe por dónde puedo cruzar?”, casi supliqué. “Ahora mismo por ningún lado. Váyase y vuelva ahorita”. Escuché el consejo y me mantuve en la zona, pero alejada. Cuando volví la mitad de los vehículos se habían marchado y una de las vías ya estaba abierta. Pude irme a casa. Al otro día supe que llegué a la rotonda minutos después de que se produjera un tiroteo en el que mataron un mayor de la Policía y un teniente coronel resultó herido. Presumo que los gritos que escuché eran de cuando evacuaban al herido. En el lugar recogieron 15 casquillos de bala. De estos, 14 pertenecen a la pistola del teniente coronel que, según dijo, repelió la agresión de cuatro hombres que habían secuestrado una pareja. No logró herir a estos hombres, pero sí a su compañero. Al parecer, y hasta que la investigación indique otra cosa, este oficial se volvió una especie de Rambo disparando. Supongo que se puso nervioso igual que el policía que sobó su arma cuando yo, una mujer sola y desarmada, le solicité una información. En lo personal, entendí que esta ciudad no es la que conocía hace unos años y que algunos policías andan más asustados que nosotros, los simples mortales.

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