¿QUIÉN ESTÁ EDUCANDO AL PUEBLO?

‘Oh Dios, crea en mí un corazón puro’

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Maruchi R. De ElmúdesiSanto Domingo

Primer domingo de Cuaresma. Cuaresma, tiempo de preparación al Misterio Pascual. 40 días para aprender a amar, para aprender a dominar nuestras pasiones y templar el espíritu: recordar que la carne es débil, y sin oración, ayuno y sacrificios es muy difícil controlar el mal que rodea continuamente a su presa. El salmo de hoy es llamado también el “Miserere”. “El salmista, dolido de su pecado, pide humildemente perdón a Dios. Dios puede salvarle, devolverle la vida, hacer que pueda ofrecer el verdadero sacrificio: un espíritu contrito que se ha dejado de pretensiones. Este sacrificio espiritual dará sentido al sacrificio ritual”. (Biblia de Jerusalén). En este salmo podemos sentir cómo David llora su pecado cuando el profeta Natán le echa en cara su mal comportamiento. Es un salmo precioso, dentro de su dolor se siente la confianza en que el Señor es misericordioso “lento en la cólera y rico en clemencia”. Es como un admitir que aunque nos reconocemos débiles, sabemos que contamos siempre con la ayuda del Señor para que nos “devuelva la alegría de tu salvaciónÖ y así mi boca proclamará tus alabanzas”. Cuaresma es un tiempo fuerte en que el Señor desea que nos vayamos puliendo hasta convertirnos, de un carbón simple, en un brillante impresionante. Cuaresma, tiempo de conversión, de reconciliación con Dios Padre, para apartarnos del mal. El Evangelio de hoy nos habla de cómo Jesús permitió ser tentado por el maligno. “Como dicen las Escrituras, Jesús fue probado en todo igual que nosotros: tentaciones, dolores, traiciones, persecuciones, destierro, incomprensiones, calumnias, mentiras, chismes, abandono, deserciones, y hasta la muerte. Lo que lo diferencia de nosotros es que nunca sucumbió ante el pecado”. ¿Por qué dudo entonces de las tentaciones? ¿Todavía no las reconozco cuando se acercan a mí? Los cristianos del mundo de hoy debemos tener claro que somos en parte responsables de que las nuevas generaciones sean escépticas. ¿Cómo hemos resistido nosotros las tentaciones? ¿Hemos sucumbido a éstas? O hemos permanecido libres en el Señor. Las tentaciones vienen siempre disfrazadas de luces, de promesas, de poder, de exaltación del ego. Las glorias, las vanidades de este mundo, las insinuaciones provenientes de muchos, el autoritarismo, el afán de lucro, de poder, de controlÖ todo esto y mucho más son las tentaciones, las provocaciones que inducen a la humanidad a vivir marginando a Dios de nuestras vidas, de la sociedad, del mundo. En última instancia, es el deseo del ser humano del endiosamiento, de rebatirle a Dios el ser criatura suya. “Jesús no se dejó tentar. El tentador no tuvo poder sobre Él. Jesús, con su actitud, nos dio la primera lección de libertad. Ser libre es no dejarse llevar por nada ni nadie que no produzca libertad, bien, justicia y honestidad. Ser libre es la condición de ser creados por Dios. Sólo siendo libres somos el proyecto de Dios, somos hijos de Dios”. Vamos a aprovechar este tiempo de Cuaresma para escuchar la llamada de Jesús a una renovación interior personal, comunitaria en la oración, y en la vuelta a los sacramentos, pero también una manifestación de caridad a través de sacrificios personales y colectivos de tiempo, dinero y bienes de todo género para remediar tantas necesidades y miserias de nuestros hermanos más necesitados. Vamos a pedirle al Señor en esta Cuaresma, que nos dé las fuerzas necesarias para crecer en el amor y en la generosidad, así como la gracia para poder resistir las tentaciones, del mundo, del demonio y de la carne. Amén.

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