FÁBULAS EN ALTA VOZ

Buena pensión para la mujer

Cuando a la profesora Tata la pensionaron, el sueldo con el que las autoridades educativas lo hicieron no estaba mal para la época. De eso hace “cuchumil” años y ella sigue con los mismos míseros pesos que en la actualidad no le alcanzan ni para comprar una aspirina que le calme al menos los dolores de cabeza que le provoca su situación económica. Por esta “sencillísima” razón, hoy Día de Internacional de la Mujer, quiso transportarse a una ciudad donde las pensiones van acorde con los tiempos. Así lo hizo. Viajó a un lugar donde las pensiones no son congeladas. Allí conforme se devalúa la moneda y crece la inflación, se aumenta el sueldo de los pensionados. La razón es lógica. Las autoridades gubernamentales saben que si bien es cierto que por distintas razones no están facultados para seguir laborando, también es verdad que siguen comiendo, vistiendo, pagando impuestos, casa y demás servicios básicos para seguir viviendo. Y lo mejor: en esta ciudad donde ahora vive la profesora Tata, los pensionados, especíoficamente las mujeres, no tienen que preocuparse por medicamentos. Como regularmente su pensión obedece a problemas de salud, las autoridades acogen a estas ciudadanas y las proveen de todo cuanto necesiten para que tengan una mejor calidad de vida. Tanto es así, que bajo ningún concepto se descuidan con su seguro médico, y es más, la cartera de Educación dispone de una comisión permanente que se encarga de dar seguimiento a la situación de cada persona pensionada en el sector público. Por esa loable labor es que disponen de una vivienda propia, proporcionada por el gobierno; de sus medicamentos para mantener su salud, y en fin, de un estilo de vida digno que compense su entrega a la escuela pública, a la Policía Nacional, a los cuerpos castrenses y a todas las entidades que conforman el Estado. Por eso los sueldos de los pensionados no son estáticos. Cada vez que la situación lo amerita, éstos son elevados de una manera equitativa para que no se vean afectados por las alzas en los productos de primera necesidad, en los combustibles, y en todos los servicios elementales que intervienen en el diario vivir. El único inconveniente que tiene la profesora Tata es que de los viajes hay que regresar, y tamaña sorpresa cuando abre sus ojos y observa que sigue viviendo en la misma miseria; que a veces gasta más en pasajes que lo que sale a cobrar, y que no tiene quien se conduela de ella luego de haber dejado en las aulas toda su energía, juventud y fuerzas para luchar por lo que como ciudadana le corresponde. Triste también es saber que en República Dominicana no se vislumbra una voluntad para resolver la situación y pagarles a estas personas, una pensión acorde con los tiempos. Por el momento para lograrlo, tienen que viajar a una fábula que les devuelva, al menos por unos segundos, un poco de los años perdidos en las instituciones públicas.

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