EXPEDICIÓN

Rumbo a la misión Monte Everest 2011

“LAS NÁUSEAS Y EL DOLOR DE CABEZA SON COMPAÑEROS INEVITABLES DEL PROCESO DE ACLIMATACIÓN. TE DARÁ NÁUSEAS SIEMPRE", DICEN LOS CHICOS

Monte Everest

Monte EverestGetty Images

Yaniris Lópezyaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo

Federico Jovine, Iván Gómez y Karim Mella continúan preparándose para su ascenso, en mayo de este año, al monte Everest, como parte del proyecto Siete Cimas. 

Son los primeros dominicanos que lo intentan y aunque ya han subido los puntos más altos de América, África y Europa, saben que lo que les espera no es como subir el pico Duarte, cuya cumbre han alcanzado más de 50 veces cada uno. 

Incluso como parte del entrenamiento, lo suben y lo bajan en un día, en 12 ó 14 horas, indican tan normales, como burlándose de los que, año tras año, nos tomamos un día y medio para desafiar sus 3,087 metros. 

Qué no será el Everest, que mide 8,848 metros y está considerado como el mayor reto que alpinista alguno deseare realizar. 

“No es mesurable medir el Duarte y el Everest, el Duarte reporta mucha gratificación”, dice Iván para consolarnos. Según ha informado el grupo, un gran equipo les acompañará. 

El ingeniero Juvenal Brenes apoyará a los escaladores desde el campamento base con el soporte informático y el médico Julio de Peña les brindará asistencia médica. 

Sin embargo, ¿cómo es andar por montañas que sobrepasan los 5,000 metros sobre el nivel del mar y vivir para contarlo? ¿Qué pasa cuando las manos se congelan y ponerse la ropa puede ser una odisea? ¿Y si no aparece qué comer? ¿Y si se pierden? 

Federico nos cuenta alguna que otra experiencia. 

“Una vez fuimos a Ecuador en el año 1997 y hubo un problema de logística con la comida, se nos perdieron unos porteadores (donde se lleva la comida) y duramos como tres días sin comer bien. Sólo comíamos puré de papa. Pero no fue una mala experiencia de montaña, sino de expedición. La más dura, la más exigente y peligrosa fue la del monte Kenya: era muy precario donde estábamos acampando, al borde de un precipicio, no teníamos agua y estábamos solos con el guía”. 

LA EXIGENCIA 

Federico explica que escalar no es tanto un tema de altura, sino de convivencia y supervivencia, “de cuán exigente puede ser la montaña”. 

Dicen, por ejemplo, que lo más difícil es el proceso de aclimatación, con sus náuseas y dolores de cabeza incluidos. 

“Son compañeros inevitables del proceso de aclimatación. Te dará náuseas siempre. El proceso de aclimatación es muy lento y lo vas sintiendo. Te empieza a doler la cabeza, y ahí sabes que ya has pasado los 3,300 metros. El cuerpo comienza a darte alertas, primero cefalea, un dolor de cabeza leve, luego más intenso, se te mete detrás de los ojos y empieza el tun-tun, no se te quita ni con calmante, mientras más subes más duele. Luego vienen las náuseas y luego se te quita el apetito. He sabido comer a las 12:00, caminar cinco o seis horas y a las 9:00 de la noche vomitar la comida idéntica, porque el estómago no está trabajando la digestión”, afirma Federico. 

Es que después de soportar tanto frío, sigue Iván, el cuerpo lo que quiere es concentrar la sangre en los órganos vitales y no le manda sangre al estómago. 

“Entonces tienes un músculo que está lleno de comida, fermentándose, que no está trabajando, y eso es normal. Te sientes mal, mentalmente sabes lo que está pasando y vomitas”. 

¿Qué se puede comer a más de cinco mil metros? 

“Si el proceso de aclimatación se lleva bien a los cinco minutos puedes comer lo que sea. De hecho, el campamento base va a estar a 5,400 metros (más alto que el monte Kenya) y hay un cocinero, puedes comer hasta filete). Después de los 8,500 metros, el cuerpo se para. Después, difícilmente puedes ingerir alimentos, no tienes hambre y sin embargo tienes un consumo calórico de más de 12 mil calorías en ese momento: no ingieres ninguna caloría y estás quemando 12 mil. Ahí empieza el proceso, el cuerpo comienza a sacar de dónde no hay, a consumir la masa muscular, a consumirlo todo”, indican. 

UN ENTRENAMIENTO DURO Y ADECUADO 

Los chicos, integrantes del grupo de expedición Excelsior, comentan que nunca se han arrepentido una vez dan el primer paso e inician el ascenso de una montaña. Es irreversible. 

En el caso de la expedición al Everest, se han tomado todas las precauciones. Cuentan con un entrenador personal con el que siguen una rutina especial para montañas, suben el pico Duarte casi todos los fines de semana y corren todos los días. 

Pese a lo que dicen, ¿habrá momentos en los que no importa la preparación y la resistencia mental pesa más que el cansancio físico? ¿Qué piensan hacer horas antes de alcanzar la cima? Y una vez arriba, ¿cuánto piensan durar en la cima del mundo?