Listin Diario Logo
27 de mayo 2022, actualizado a las 01:31 p. m.
Login | Registrate
Suscribete al Listin Diario - News Letter
La Vida martes, 23 de febrero de 2010

OBJETIVOS

La vanidad no es lo mismo que la autoestima

LA PRIMERA SE DEFINE COMO EL DESEO POR SER MÁSIMPORTANTE O ATRACTIVO QUE LOS DEMÁS. LA SEGUNDAES UN ESTADO DE SEGURIDAD EMOCIONAL SALUDABLE

  • La vanidad no es lo mismo que la autoestima
Li Misol
li.misol@listindiario.com

Santo Domingo.- La palabra vanidad proviene del latín “vanitas”, que significa fragilidad, inutilidad, hueco, vacío, nada, superficial, frívolo, fútil, tonto; así como del vocablo latino “vanus” que se traduce como “vano” y que se interpreta como algo ilusorio, sin efecto y sin resultados, sin consistencia ni fundamento.

Además esta palabra, eslogan frecuente en el mundo de la moda, es sinónimo de soberbia, uno de los siete pecados capitales definido como el deseo por ser más importante o atractivo que los demás.

La psicóloga clínica y terapeuta familiar Kathya Flores de Abis explica que una persona vanidosa trae consigo inseguridades, carencias o heridas emocionales. “Es alguien que ha visto su autoestima afectada, que no se ha nutrido espiritual y emocionalmente lo suficiente y que necesita ser afectivamente confirmado”.

Los antiguos griegos mostraron la vanidad a través del mito de Narciso, un joven tan bello que despertaba pasiones en todos, pero que a nadie correspondía porque sólo se amaba a sí mismo. 

CONCEPTO EQUIVOCADO
El mito de Narciso refleja no sólo las características de un vanidoso, sino que deja claro el destino de estas personas.

Narra que luego de rechazar a la ninfa Eco, Narciso fue condenado por Némesis (diosa de la venganza) a observar su rostro en un arroyo. Subyugado por la belleza de su imagen, el joven se retrajo de toda posible relación amorosa, e incluso de atender sus necesidades, por lo que su cuerpo se consumió hasta convertirse en la flor que lleva su nombre.

El psiquiatra Secundino Palacios afirma: “La vanidad es una forma de vivir caracterizada por una carencia interior. El vanidoso vive en un mundo fatuo, carente de contenido y de desarrollo emocional”. Añade que es natural que los seres humanos quieran verse bien, que se quieran y valoren, pero si tiene estructura de personalidad insuficiente y baja autoestima, recurre a elementos fatuos como compensación.

La vanidad muestra  autoestima deficiente
El psiquiatra Secundino Palacios explica que el ser humano en su interior y en su estructura de personalidad debe librar un proceso de crecimiento y desarrollo, conformado por estímulos biológicos, psicológicos, sociales y culturales que estructuran la personalidad.

Si embargo, “cuando alguien tiene una estructura de personalidad débil, es inseguro y frágil, tiende a usar elementos compensatorios y cae en la vanidad, en la búsqueda de artificios con los cuales cree que podrá llenar esa estructura de personalidad y compensar su baja estima personal”, dice.

Sobre la vanidad, la psicóloga clínica y terapeuta familiar Kathya Flores de Abis explica que quienes viven con ella “han descuidado el recurso de la fe y desviado sus valores, porque en el fondo todos tenemos un sentido general del bien y del mal, de lo sano y de lo insano, de lo vanal y lo importante”.

¿Qué sucede?
Indudablemente, todo ser humano necesita ser visto, escuchado y tomado en cuenta, si no lo es, buscará atraer desde fuera lo que debe trabajar dentro a través de la nutrición emocional, afectiva y espiritual. Flores de Abis refiere que la necesidad de aprobación y validación le sucede a todo ser humano, pero cuando traemos “carencias” en este sentido o hemos sido heridos en nuestra autoestima, se busca llenar el vacío.

Palacios añade que ese ser humano vacío nunca está feliz o satisfecho. Cree que cuando compre la yipeta, el vestido de cinco mil dólares o cuando se haga la cirugía plástica y se transforme se va a ver mejor que los demás y así va a ser aceptado. “Pero luego que logra todo esto, su vacío crece, mientras más compensación busca, más vacío se siente y sigue buscando, no sabiendo que el déficit no está en su cuerpo, sino en si estructura de personalidad”.

La psicóloga añade que distraerse con “banalidades” que llaman la atención por su ruido u ostentación es algo ilusorio, sin efecto o resultados, enfocándose en el “pseudoser” que se autoengaña y esconde detrás de las apariencias, en lugar de enfocarse en el “ser sólido”, que es libre emocionalmente, capaz de amar y perdonar, así como de tener la humildad para reconocerse a sí mismo, perdonarse y validarse.

Inherente
Es cierto: todos en una medida u otra estamos expuestos a la vanidad y al orgullo, tenemos fortalezas y debilidades, riquezas, carencias y cargas emocionales, así como hemos herido a otro o sido heridos, lo cual ha afectado nuestra autoestima. Hemos cometido errores y olvidado lo importante y por eso no debemos juzgar a los vanidosos, sino trabajar con el ejemplo y los valores, comenzando de adentro hacia afuera y trabajando para ser mejores. Es una pena que, como afirma Palacios, a quienes se exhiben y demandan que los vean sintiéndose importantes tienden a ser rechazados.

Sin embargo, Flores de Abis advierte que cuando una sociedad entra en momentos de crisis o catástrofes la gente se sensibiliza y surge la solidaridad humana, “dejando la vanidad a un lado, porque vemos en esos momentos que lo importante son las personas y no las cosas”. Es entonces cuando todos se  desprenden de lo material para alcanzar una mayor riqueza interior. Entonces, al ser conscientes de las carencias y trabajarlas, se desarrollan nuevas destrezas y habilidades que fortalecen la autoestima.

La vanidad contribuye a la alienación, la desconexión, el egocentrismo, el narcisismo e incluso ansiedad y depresión, porque distrae y da una apariencia de llenura momentánea que después cae en saco roto. Varias de sus secuelas requerirán  trabajo terapéutico, acompañamiento, grupos de apoyo y educación emocional.

LA SALIDA PARA QUIEN BUSCA UN CAMBIO
Como decía el sabio Salomón: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”, pero siempre hay esperanza para sanar y cambiar cualquier conducta disfuncional, si se posee la fe necesaria para asumirlo y trabajarlo, recuerde: lo importante no es caerse, sino levantarse. Palacios advierte que siempre que esté dispuesto a someterse a un proceso de crecimiento emocional, un vanidoso podrá hacerlo, pero antes necesita capacidad autocrítica, “no de un día, no una pose, sino real”.

Personas como Michael Jackson y hasta el pelotero Sammy Sosa podrían caer dentro de este grupo de personas, según Palacios, pero son muchos más los que, como se dice popularmente, “alardean de lo que carecen”; apenas manifestando necesidad de validación. Como bien concluye Flores de Abis, “nuestro nivel de vanidad se encuentra justo entre nuestro nivel de autoestima y nuestra madurez cognoscitiva”.