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La Vida miércoles, 25 de noviembre de 2009
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UNA FECHA DE IMPORTANCIA GLOBAL

Encuentro por las mujeres del mundo

HACE 28 AÑOS LA DELEGACIÓN LOCAL EN EL PRIMER ENCUENTRO FEMINISTA DE LATINOAMERICA LOGRÓ EL DÍA DE HOY PARA PROTEGER A LAS FÉMINAS

  • Encuentro por las mujeres del mundo
    Arriba de izquierda a derecha: Maritza Féliz, Melly Pappaterra, Mariví Arregui, Antonia Ferreras, Carmen Alonso, IsisMontes de Oca, (detrás) Ana Teresa Rodríguez, Miriam Zapata, Elsa Ramírez. Luego Magaly Pineda, Nelsu Aldebot y Virginia Alvares. En cuclillas de izquierda a derecha Ramona Santana, Sergia Galván, Maritza Burgos y Angela Hernández.
Li Misol
li.misol@listindiario.com

Santo Domingo.- Un día como hoy en 1960 Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron asesinadas por esbirros de la tiranía de Trujillo, una tragedia que marcó el fin de 31 años de abusos al país, pero que también quedó grabada en la conciencia popular como la acción más vil, y la peor muestra de violencia contra las mujeres. Las “mariposas” serían desde entonces recordadas como símbolo de lucha y resistencia.

Veintiún años después, en 1981 Bogotá fue la ciudad anfitriona del Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y el Caribe. Del país, 19 mujeres unidas por el sueño de lograr una verdadera reivindicación de la figura femenina en las diferentes esferas de la vida nacional asistieron a la cita. La experiencia cambiaría sus vidas, pero también al mundo cuando fue seleccionado el 25 de noviembre Día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en honor de las Mirabal. Años después, en 1999, esta fecha sería reconocida en todo el mundo.

Escritoras e historia
Magaly Pineda, militante feminista desde 1970 y fundadora en 1980 del Centro de Investigación para la Acción Femenina (CIPAF), fue la encargada de reunir a las mujeres para el histórico viaje. Narra que ese primer encuentro fue posible por varias coyunturas. La primera fue la declaración de las Naciones Unidas de la década de la mujer, de 1975 a 1985, en el marco de la cual se celebrarían tres eventos.

“En 1975 se celebró la Primera Conferencia Mundial de la Mujer en México, a donde asistí con mis recursos y a pesar de que la fecha coincidió con la salida de la cárcel de mi esposo Fafa Taveras, quien estaba preso desde el 70”, cuenta. La siguiente conferencia fue en Dinamarca en 1980, donde Pineda conoce por vez primera a feministas latinoamericanas y acuerda con ellas un encuentro regional.

SOBRE EL PRIMER ENCUENTRO FEMINISTA
El Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe tuvo sede en Bogotá, Colombia. Sergia Galván, fundadora de la Colectiva Mujer y Salud estuvo allí presente y recuerda que la delegación local no era sólo la más numerosa (con 19 miembros), sino que acabó siendo la más importante en torno a uno de los temas centrales de discusión: la violencia.

“En este encuentro se debatió el tema de violencia de género de manera amplia, laboral, sexual, política, en la calle, doméstica. Era la violencia en todas sus manifestaciones, y después esos días de análisis, debates, de definición de medidas, presentamos la necesidad de definir un día para denuncia y visibilizar un problema común a todos los países”, explica Galván. La escritora Ángela Hernández propuso la fecha y fue elegida unánimemente.

Acciones a tomar contra la violencia de género
Cuando en 1978 Joaquín Balaguer pierde las elecciones, hubo un despertar de las ideas en la población femenina nacional. La nueva apertura democrática y política hace surgir grupos de mujeres, organizaciones sobre todo ligadas a la izquierda, como la Unión de Mujeres Dominicanas, El Centro de Investigación para la Acción Femenina (CIPAF) o la Acción Femenina Incorporada (AFI).

Recién llegada de la Segunda Conferencia Mundial de la Mujer, en Dinamarca, Magaly Pineda fundó el CIPAF y contando con pocos recursos y un pequeño local empieza a organizar el viaje a Colombia para que las criollas (que aún no se autodenominaban feministas sino militantes de organizaciones y causas) pudieran reunirse con feministas de la región. Hubo que pedir pasajes fiados y costearse otros con el propio bolsillo, pero en 1981 aterrizaron en Bogotá.

Impactadas

La escritora e investigadora Ángela Hernández, quien asistió al evento y comenta cuanto le impactó la charla del grupo de mujeres que trabajaba salud y sexualidad. “Llamaron una voluntaria y delante de nosotras mostraron cómo se hacía un auto examen genital. Fue interesante pero también chocante ver a una mujer examinándose la vagina con un espéculo frente a nosotras”.

La presencia de lesbianas, parte vital en la organización del encuentro, también resultó difícil de aceptar. Ver a dos mujeres besarse y abrazarse en público sin tabúes entraba difícilmente en la concepción todavía tradicional de muchas criollas. Pero reinó la tolerancia.

“Había de todo, significó conocer mucho de golpe, nos deslumbró y en ocasiones nos escandalizó, también aprendimos cosas novedosas en dos o tres días de charlas, conferencias, videos, documentales, testimonios de mujeres extraordinarias como guerrilleras, pilotos, obreras, artistas, investigadoras, cineastas”.

Pineda asegura que el encuentro “le cambió la vida a muchas”. Cuenta que algunas dejaron el noviciado, e incluso hubo divorcios. Significó para la delegación la reafirmación de su militancia, construir una verdadera identidad de género y constatar que no estaban solas en la lucha. Algunas han salido al exterior, otras viven en las zonas rurales, pero “la mayoría sigue activa, donde quiera que estén”.

La violencia

Además de charlas y talleres, el encuentro celebraba plenarias cada tarde. “Identificamos problemáticas comunes a todas, como la tensión con los partidos de izquierda que no reconocían el feminismo como una fuerza, el poco conocimiento de la sexualidad y del cuerpo, pero algunas habían mejorado en esto. El tema difícil inherente a todas fue la existencia de los distintos tipos de violencia en nuestros países, un problema ocultado, invisible y sin respuesta de los estados” narra Pineda.

Se acordó elegir un día para realizar actividades y así, visibilizar del tema de violencia en el continente. “Se me ocurrió proponer el 25 de noviembre”, narra Ángela Hernández. Surgieron varias propuestas para la fecha, pero luego que la delegación dominicana motivó su elección con la historia de las Mirabal, el día fue aceptado a unanimidad.

Un día para el mundo

Sergia Galván, fundadora de la Colectiva Mujer y Salud y activista en temas de género recuerda que la fecha trascendió las fronteras de América Latina. “Se empezó a celebrar y se hacían denuncias, movilizaciones, debates a muchos niveles. El día traspaso las fronteras del feminismo”, dice.

Galván vio el alcance de la fecha y a través de la Secretaría de Estado de la Mujer, donde coordinaba el área internacional, planteó la necesidad de someter una resolución a Naciones Unidas para que se acogiera este día mundialmente. Trabajó con el texto de resolución, que se canalizó a través de cancillería y con ayuda de la embajadora de RD ante la ONU Cristina Aguiar se buscó apoyo.

“En la sesión ochenta y tres de Naciones Unidas en 1999 se aprueba el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, celebración de carácter mundial y bajo legitimidad de los estados”, dice y añade que la fecha tiene tanta fuerza porque es el inicio de 16 días de celebración que culminan el Día Mundial de los Derechos Humanos el 10 de diciembre.

Logro o fracaso

Veintiocho años han pasado desde el Primer Encuentro Feminista y casi diez años desde la aprobación del día como internacional, sin embargo las estadísticas de violencia se engrosan. Un informe estadístico de la Procuraduría General revela que los feminicidios cometidos de 2005 a agosto de 2009 alcanzan las 867 víctimas en Santo Domingo y Santiago.

Los asesinatos de mujeres hasta agosto de este año fueron 123. Cada 25 de noviembre las mismas demandas persisten. Galván destaca retrocesos como la limitación del acceso a la justicia, el mal manejo de la conciliación y las órdenes de protección, la alta rotación del personal de justicia, el mal manejo, obstaculización de pruebas y la corrupción.

“En el estado dominicano falta voluntad política para enfrentar la violencia”, asevera Galván y pregunta “¿Dónde esta el presupuesto para el tema de violencia de género?”.

No existe un sistema de rehabilitación de agresores o mecanismos de protección a las víctimas, ni resarcimiento económico o moral. “Cuando se logra la condena del hombre, nadie pregunta más por la abusada”.

Galván, Hernández y Pineda, están de acuerdo en el logro que significa la Ley 24-97, las normas de atención en salud en la violencia, la creación de fiscalías, la creación de mecanismos dentro de las organizaciones de la sociedad civil en prevención, atención y sanción, el que se vea como acción pública.

Hernández sin embargo, insiste en que el tema se vea sólo en términos de sanción y exhorta que se atienda la educación. “Desde los parvularios se debe desarrollar la educación de los afectos. Es la gran revolución que hay que hacer”. 

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