¿Quién está educando al pueblo?

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Maruchi R. De ElmúdesiSanto Domingo

“La cosecha es abundante y los trabajadores pocos”Hoy celebramos el Día de nuestro Patricio Juan Pablo Duarte, pero también la Iglesia celebra la fiesta de los Santos Timoteo y Tito, grandes evangelizadores, discípulos de San Pablo.

Hay grandes similitudes entre estos grandes hombres, entre Timoteo y Juan Pablo Duarte, el primero mitad judío y mitad griego o gentil, Duarte, de padre español y madre dominicana, dos razas en una sola persona con sus características propias, y Tito, de origen griego, gentil. Bien equipados para predicar el evangelio, o el anuncio de libertad, tanto a judíos como a gentiles, o a dominicanos. Gracias al Poder del Espíritu Santo para el que no hay diferencias entre los hombres ni las razas.

Los tres, jóvenes decisivos en actuar para fortalecer la fe de los suyos y poner orden y paz en sus comunidades. Todos creyentes en el Dios Padre y en Jesús Hijo, redentor del Mundo, auténticos hijos de la fe, y testimonios vivos en los ambientes y épocas que les tocó vivir.

A Timoteo y a Tito les valió la universalidad de Pablo, Apóstol de los Gentiles y el auxilio del Espíritu para lograr tan valiosa conversión. Ambos fueron de gran ayuda al Apóstol para la predicación incluso en Jerusalén.

A Duarte, sus padres católicos, ejemplos de bien, “incapaces de bajezas y prontos a sostener con sacrificio la sinceridad de sus sentimientos.”

Su Juramento cuando la Trinitaria, es el mejor ejemplo de sus ideas y creencias: “En el nombre de la Santísima, Augustísima e Indivisible Trinidad de Dios Omnipotente: Juro y prometo, por mi honor y mi conciencia cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano y a implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se dominará República Dominicana; la cual tendrá su pabellón tricolor en cuadros encarnados y azules atravesados por una cruz blanca. Mientras, seremos reconocidos los Trinitarios con las palabras sacramentales de Dios, Patria y Libertad. Así lo prometo a Dios y al mundo.” (J.P.Duarte, de Pedro Troncoso Sánchez) y cuando agrega: “No es la cruz el signo del padecimiento; es el signo de la redención.” (Idem)

“En materia religiosa, Duarte, se mostró en cambio muy liberal para su época y su medio”, sin embargo, la redacción que dio en su proyecto de Constitución al artículo relativo a la religión “es un fiel reflejo de su posición espiritual, de sus conocimientos personales y de la tradición dominicana: “La religión predominante deberá ser siempre la Católica, Apostólica, sin perjuicio de la libertad de conciencia y tolerancia de cultos y de sociedades no contrarias a la moral y caridad evangélicas”.

Su sentir en el 1844 era: “Sed justos lo primero, si queréis ser felices. Ese es el primer deber del hombre, y ser unidos, y así apagaréis la tea de la discordiaÖ y la patria será libre y salva”.

En este tiempo de elecciones sería bueno repasar la historia de este forjador de nuestra Patria y poner al día sus ideas revolucionarias y nacionalistas, sus principios, y su testimonio de vida.

El, que consideraba a la política un noble oficio, no ha podido ser imitado por los líderes actuales. “Duarte encarnó las cualidades y virtudes que más falta nos han hecho y aún nos hacen para determinar un verdadero avance, una positiva y real superación, en nuestra vida republicana; las cualidades y virtudes contrarias a los vicios y defectos en que han solido incurrir aquellos hombres de quienes ha dependido la suerte del País, dentro y fuera de la esfera gobernante.

Duarte fue el opuesto al apetito de goce, poder y posesión; a la obcecación; a la impaciencia; a la arbitrariedad; a la irreflexividad; al amor propio y al orgullo, cuando estuvo en juego la seguridad del pueblo.

Su única pasión fue la patria libre y en paz; su única ilusión el bien y la justicia para todos; su más alta vocación la renuncia a la propia ventaja para provecho del conjunto.”

Vamos a pedir al Señor que aumente los trabajadores de este calibre, a Su Viña, que tanto lo necesita. Permítenos, Señor, ser testimonio ante el mundo, del amor que nos tienes y que contribuyamos así a la proclamación del Mensaje de Salvación. Amén.

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