Cosas de duendes

La Navidad sin JesúsAracelis, una amiga muy querida a quien conocí a través de Doris Javier, me envió un correo que me ha puesto a pensar en la manera en que celebramos los dominicanos la época navideña que ya está tocando a nuestras puertas. El mensaje de Aracelis hablaba de un niño cuya fiesta de cumpleaños estaba siendo celebrada sin que le tomaran en cuenta. Decía que lo dejaron en un rincón mientras la gente, que se supone se había reunido en su nombre, tomaba, reía y halagaba a un viejo con barba vestido de rojo. Como habrán imaginado, lo que me mandó mi amiga es una reflexión sobre cómo hemos desvirtuado la Navidad hasta convertirla en algo ajeno a su razón de ser que es la celebración del nacimiento del niño Jesús. Análisis de este tipo se han hecho muchas veces, lo sé, pero, después de leer ese mensaje, reparé en que en mi casa, donde ya coloqué casi todos los adornos de la Navidad, hay media docena de Santa Claus y un solo niñito Jesús. Haciendo el mea culpa pensé en que andamos corriendo de un lado a otro, ya empezamos a prepararnos como si el mundo se fuera a acabar, y no nos detenemos a pensar en la esencia de esta celebración, en la necesidad de compartir con otros que tienen mucho menos que nosotros, no cuando dispongamos de un minuto, sino siempre. Porque mientras más atareados andamos, que es lo usual en Navidad, mayor resulta la molestia que sentimos cuando alguien nos toca el cristal del carro o la puerta de la casa para pedirnos. Entendemos que debemos dar cuando disponemos del tiempo y el humor y eso, paradójicamente, es difícil de conseguir en la “época del amor y la paz”, porque andamos comprando la pintura para la casa, los regalos y la ropa que queremos lucir. Todo eso que, los que somos privilegiados en esta sociedad con tantas carencias, convertimos en prioridad para estas fechas. Por ese corre corre es que, como dice el mensaje que me envió Aracelis, también se nos olvida invitar al hijo de Dios a nuestra fiesta o lo ignoramos pese a que está presente. No soy un dechado de virtudes, Dios lo sabe, ni me considero en capacidad para dictar charlas moralizantes, pero sí tengo la inquietud de compartir lo que otros me enseñan a medida que recorro mi camino en este universo donde todo está conectado, desde el gusano hasta las estrellas. Así que , si me permiten, creo que aún estamos a tiempo, porque ni siquiera ha entrado diciembre, de reenfocar nuestra manera de celebrar la Navidad. Deberíamos aprovechar la oportunidad para variar prioridades y darnos el lujo de sentir un espíritu navideño distinto. Que, pese a la prisa, seamos capaces de sonreír, de dar el paso, de dar la mano y ayudar. Que nos propongamos hacer el bien a todas las personas que podamos, todas las veces que podamos y por todos los días de estas fiestas y, ojalá, se nos quede la costumbre. Así Jesús se sentirá nuestro invitado.

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