¿Quien esta educando al pueblo?

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Maruchi R. de ElmúdesiSanto Domingo

Jesucristo rey del universoMañana, último domingo del Tiempo Ordinario, celebramos la Fiesta de Cristo Rey, y qué mejor ocasión para reflexionar como familias cristianas, si verdaderamente Jesucristo es el rey de nuestros hogares, y la persona en quien pensamos cada día mientras realizamos nuestros quehaceres diarios, le contamos nuestros problemas, lo tenemos siempre presente en las cosas buenas o en las no tan buenas que nos suceden, o es simplemente alguien que pertenece a la historia. En esta semana leíamos en “La Revista 110” la propuesta de abolir el matrimonio, porque “nada soporta el paso del tiempo. Nada queda inmune a los años. También el matrimonio ha sido víctima de Cronos y, en tanto apenas ha cambiado durante siglos, se ha ido haciendo obsoleto. No son nuevos los estudios acerca de cómo el matrimonio va perdiendo pertinencia. El siglo XX registró una creciente e inevitable presencia de su enemigo natural: el divorcio. Hoy son pocas las parejas que llegan juntas al final de sus vidas y, de las que consiguen tal hazaña, la mayoría mantiene más un acuerdo de conveniencia que una verdadera unión santificada por el cariñoÖ Se impone, pues, buscar una solución que haga el matrimonio compatible con los tiempos que corren”. ¿Qué piensan las “familias cristianas” de este argumento? ¿Qué ejemplo estaremos dando al resto de las familias, para que haya alguien que pueda pensar de este modo? El Documento de Aparecida recalca: “La familia cristiana está fundada en el Sacramento del Matrimonio entre un varón y una mujer, signo del amor de Dios por la humanidad y de la entrega de Cristo por su esposa, la Iglesia. Desde esta alianza de amor, se despliega la paternidad y la maternidad, la filiación y la fraternidad, y el compromiso de los dos por una sociedad mejor.” Y es que el Matrimonio fue creado por Dios Padre. Por lo tanto no puede ser obsoleto, porque Dios no hace porquerías y trabaja para la eternidad. Si los hombres y mujeres que han asumido el compromiso de vivir juntos en la alegría y en la tristeza, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, han fallado, la culpa no la tiene la institución, sino las personas, quienes, con su poca disposición al sacrificio y a la vida compartida entre ambos por el bien de la prole, se han olvidado de poner a Jesucristo en medio de ellos, y han perdido la gracia que produce el Sacramento con su apatía y su coqueteo con la post-modernidad. “Y es que la familia “patrimonio de la humanidad”, constituye uno de los tesoros más valiosos de los pueblos latinoamericanos, y del Caribe. Ella ha sido y es espacio y escuela de comunión, fuente de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablementeÖ La familia está llamada a introducir a los hijos en el camino de la iniciación cristiana.” (Idem) Ahora bien, si el matrimonio no ha sido elegido como una vocación nacida de una llamada de Dios para amarse y respetarse todos los días de la vida y ser co-partícipes con Él de nuevos discípulos para el Reino, no hemos entendido entonces lo que es el Matrimonio Sacramento Camino de Santidad, y lo hemos confundido con una relación amorosa sentimental y sensual donde solamente les une la pasión de un momento y el interés que haya sido el móvil para dicha unión puramente material y sexual. Solamente así puede una relación terminar en divorcio. No han entendido nada de lo que significa el matrimonio dentro del Plan de Dios. Pero a pesar de todos los malos augurios, la familia sigue en pie. Ha soportado con firmeza los negros vaticinios de su final y para algunos de nuestros famosos contemporáneos sigue teniendo validez y vigencia. Y es que la familia se presenta así como la sociedad natural más necesaria según el orden establecido por Dios para el bien de la humanidad. No importan los sufrimientos que tiene que vivir, no importan las barreras que tiene que romper, no importa que tenga tantos enemigos. Nuestro Dios es todopoderoso y cuando le ofrecemos las situaciones en las que nos encontramos. Él nos concede la gracia para seguir adelante. ¡Familias cristianas!, ya está bueno de permanecer alejadas del quehacer cotidiano. Debemos ser reflejo de vida y amor para las demás familias. No podemos quedarnos en el interior de las mismas. Tenemos que salir a ser testimonio ante las demás y, como familias cristianas, ser discípulos misioneros para que la familia siga siendo “escuela del más rico humanismo”. Somos responsables del cambio de la sociedad. Solo con la suma de más y mejores familias podrá reinar la civilización del amor que tanto anhelaba S.S. Juan Pablo II. Recordemos que somos ¡Reflejo de Tu Santidad, Señor! No velemos el rostro de Dios en el mundo de hoy, más bien revelemos su gran Amor por la Humanidad, que “gime hasta el presente y sufre dolores de parto”. (Rom. 8, 22) ¡Familia, sé lo que eres! Amén

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