¿QUIÉN ESTÁ EDUCANDO AL PUEBLO
Movimiento Familiar Cristiano
“No se puede servir a Dios y al dinero” (Lc 16, 13)Este Evangelio trata del buen uso que hay que darle a los bienes materiales. Lucas reúne aquí enseñanzas de Jesús dadas sin duda en diversas ocasiones. Se refieren al recto uso de las riquezas y a la necesidad de elegir entre la sumisión al dinero y la sumisión a Dios. Jesús les dice:”Ustedes presumen de observantes delante de la gente, pero Dios los conoce por dentro. La arrogancia con los hombres Dios la detesta.” Muchos nuevos ricos presentan al pueblo esta imagen, y el Señor les dice hoy: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; lo que has acumulado, ¿Para quién será? El dinero en el mundo de hoy es sumamente importante pues, la mayoría de las cosas hay que procurarla utilizando el poderoso metal. Lo que no podemos perder de vista los cristianos, es que el hombre está por encima del dinero. Y la vida es algo más que una fábrica de hacer dinero. Muchos han perdido a sus familias, por haberle dado más importancia al dinero que a su propia familia. Hoy estamos cansados de ver casos como ese. Ya hace varios años al comienzo de la globalización, S.S. Juan Pablo II se refirió en el Vaticano a dicho proceso, al afirmar que la economía no puede dictar los modelos y los ritmos del desarrollo y que la persona tiene que prevalecer sobre la estructura. Esta manifestación la hizo ante 4,000 estudiantes universitarios de 35 países que asistían en Roma a un Congreso Universitario y que en su 34 edición tiene como tema “Un rostro humano para un mundo global.” Hay que ser generosos para atender las necesidades materiales pero sin ahogar los valores del espíritu, refirió el entonces Pontífice. Lo verdadero debe prevalecer sobre lo útil, el bien sobre el bienestar, la libertad sobre las modas y la persona sobre la estructura. Agregó que criticar no basta, sino que hay que ser constructores y que el cristiano no puede limitarse a analizar los procesos históricos actuales manteniendo una compostura pasiva, sino que tiene que comprometerse para orientar la historia hacía un fin digno del ser humano. Seguir a Cristo no es fácil, y en el mundo de hoy mucho más. Cristo está fuera de cualquier esquema “y no se logra entender con la lógica del éxito y del poder, usada muchas veces por el mundo como criterio para verificar los propios proyectos.” Agregaba Juan Pablo II: “Seguir a Cristo comporta mucho coraje. Sus palabras de “si alguno quiere seguirme que reniegue de sí mismo, tome la cruz de cada día y me siga” expresan la radicalización de una elección que no admite dudas o cambio de idea. Es una exigencia dura y con ella debemos confrontarnos. En la Carta Encíclica Sollicitudo Rei Sociales, escrita a los 20 años de la Populorum Progressio de Paulo VI, Juan Pablo II afirma una vez más la continuidad de la Doctrina Social de la Iglesia junto con su constante renovación. “El contexto social en que vivimos en la actualidad no se puede decir que sea exactamente igual al de hace veinte años.” La obligación de empeñarse por el desarrollo de los pueblos no es un deber solamente individual, ni mucho menos individualista. Es un imperativo para todos y cada uno de los hombres y mujeres, para las sociedades y las naciones, en particular para la Iglesia Católica, comunidades eclesiales y otras iglesias. “El hecho de que los hombres y mujeres, en muchas partes del mundo, sientan como propias las injusticias y las violaciones de los derechos humanos cometidas en países lejanos, que posiblemente nunca visitarán, es un signo más de que esta realidad es transformada en conciencia, que adquiere así una connotación moral”. El ejercicio de la solidaridad dentro de cada sociedad es válido sólo cuando sus miembros se reconocen unos a otros como personas. “La solidaridad nos ayuda a ver al “otro”- persona, pueblo o nación-, no como un instrumento cualquiera para explotar a poco coste su capacidad de trabajo y resistencia física, abandonándolo cuando ya no sirve, sino como un “semejante” nuestro, una “ayuda” (Gen.2, 18,20), para hacerlo partícipe, como nosotros, del banquete de la vida al que todos los hombres son igualmente invitados por Dios. De aquí la importancia de despertar la conciencia religiosa de los hombres y de los pueblos”. La solidaridad es una virtud cristiana. Con muchos puntos de contacto con la caridad, que es signo distintivo de los discípulos de Cristo. En estos momentos de calamidad, después de pasar la tormenta Noel, hemos sentido la solidaridad de muchos de nuestros hermanos, donde se retrata un rostro de un pueblo generoso y solidario con el dolor ajeno. Pero en lo que debiéramos insistir, es en el desarrollo de este pueblo, para que lo que sucedió, no vuelva a ocurrir en un futuro no lejano.

