SONAJERO
Ignorancia
La ignorancia sepulta vidas, bienes y sueños. Ignorando una tormenta y por desidia de las autoridades que, teóricamente vigilan y asisten emergencias, más de 30 muertos y miles de familias están olvidadas en caminos inundados y puentes caídos.
La ignorancia embaraza adolescentes que cargan más pesado la consecuencia del rito sexual y el glorioso mojadito. Y, para colmo, la feligresía sotánica, reprocha la bondad anticonceptiva, al preferir, como canta Arjona, más infantes con hambre que un preservativo.
La ignorancia, tan inepta como el servilismo, derrocha el agua que se pierde tanto en casas pobres como en techos millonarios, frente a la mirada ignorante de quien no le da mente a la “pluma” desbordada.
La ignorancia, tan hambrienta como los “buscavidas” del Congreso, es la piquiña de los pueblos que cantan, por olvidar su historia, el mismo estribillo de “A paso de vencedores”, “Falta mucho por hacer” y “El nuevo camino”.
La ignorancia hiere en el puño y gatillo de un marido que, por creerse dueño de una mujer, le rastrilla la piel y desgarra el corazón, dizque en nombre de los celos y el “amor”.
La ignorancia ensucia las calles y la patria; al tirar basura por la ventanilla, descargar desperdicio en cunetas y soplar deshecho en colillas.
No debería ofendernos el calificativo de racistas. Acuérdense que aquí los negros reniegan su negritud e insisten en llamarnos “morenos” e “indios”. Además, aún persiste la creencia de que “negro es comida de puerco”. El agravio sería mayor seguir siendo una partía de ignorantes en un país analfabeto.

