ExposiciÓn
Yuly Monción retoma artes plásticas con “Mar de ojos”
“Yuly Monción marca su propio territorio pictórico, con personalidad, sin abandono de aquella reciente tradición dominicana en la que está inscrita; evoluciona partiendo de asuntos específicos, para seguir con una radiografía íntima y terminar visualizando el contorno de un país con temas específicos. Nunca se aleja de la realidad y siente como propio lo popular, lo individual, que enaltece con auténtica entrañabilidad desde lo creativo”. Manuel PérezñLizano Forns, critico de arte. SANTO DOMINGO.- Tras nueve años de ausencia meditada, dejando huérfanos los espacios expositivos del país, Yuly Monción rompe la inercia que la alejó de sus pares, en la sana confrontación de líneas, imágenes, color composición, para retomar con fuerza expresiva, con su muestra “Mar de ojos” en la Quinta Dominica, de la Padre Billini. Será un hermoso recuento de su actual forma de desdoblarse en piezas memorables, muchas de ellas inspiradas en mitos, leyenda y religiosidad popular y realidad arquitectónica del sur lejano. Yuly clausura el próximo martes 20 su impronta expositiva, con la entrega de catálogo y conversatorio sobre su obra, tenemos tiempo para confrontarnos con el lenguaje serio, meditado, pletórico de rostros e insinuaciones medulares de los que representan los signos esenciales de una insularidad, sentida, presentida y asimilada por la búsqueda temática y estética de una creadora que aporta al universo visual dominicano, una propuesta seria, provocadora de meditación, asumida por girones de su emotividad y recia personalidad. El mundo visual de Yuly MonciónSin estridencias, usa tonalidades sobrias, reinado de grises, como es el color del trópico, de luces y sombras, que nace de la descomposición prismática de la luz descompuesta, para acallar el colorismo fatuo, sus tonos son reflejo de su temperamento, de una personalidad tímida en concesiones, rebelde ante la injusticia, dulce y calma para refrendar esos signos de pobreza y soledad tan peculiar e inocultable en el sur lejano y que ella se presente en la paredes de la Quinta Dominicana. El punto focal de algunas de sus obras lo formula con un detalle estridente, es el naranja o el amarillo que se escapa de su paleta, en búsqueda de ser luz, de impactar entre los colores, el blanco y negro, en sutil complicidad, con el rojo, y azul ultramar o cielo, también con el rosado y vino los que, aportan la diferencia cromática, quizás para resaltar con alegría en el abordaje de señales de soledad, indifección abandono, mitos y leyendas de una región poblada de historias misteriosas y de carencias irredentas. Temas como los viajes en yola, el refugio habitacional de las casas de tejamaní, mariposas, la furia de ciclones, la soledad, los temas infantiles, la Virgen de la Altagracia, cuyo rostro se aproxima a la de su hija, la margen del Ozama con su casuchas multicolores, bodegones, graffiti urbano, paraguas derribados, rotos, como la existencia de miles de seres humanos en la empobrecida región del país, la referencia de las señales direccionales con un signo de interrogación que pregona la sensación de un camino incierto o los rostros dolorosos de hombres y mujeres que buscan respuestas a sus vidas. Algo masNace en 1961 en Santiago Rodríguez. De 1985-89 realiza estudios de arte publicitario en la UASD, de restauración de retablos y esculturas en la Oficina de Patrimonio Cultural y Técnicas de grabado en Santiago de Cuba. Su obra es galardonada con el Tercer Premio en la XIX Bienal Nacional de Artes Visuales. Mención de Honor en el V Salón Nacional e Internacional de Dibujo. Mención Especial en el Concurso Nacional de Pintura Hoteles Barceló. En el 2000 expuso su muestra Extremadura, en Zaragoza, España. Está presente en importantes colectivas como la Gran Junes¥s d¥Aujour ¥hui, Espace Eiffel ñ Branly, París Francia; IV Exposición colectiva de Artes Plásticas, Casa Cultural DominicoñAmericana. Miami. E.U. Lo textural es un signo vital de su propósitos. Tanto en sus pinturas como en sus dibujos, hay una fuerza expresiva que seduce, como remedo de las cenizas calcinadas de Pompeya, debajo de esa búsqueda el rostro humano resplandece, insinuando, boceteado, como señal del origen, de confirmación del rastro, de la huella imborrable que dejamos los seres humanos aunque la catástrofe nos destruya, una clara alusión de su notable preparación en la técnica del grabado.

