LECTURA COMPRENSIVA

Carlixta y su “Historia de Comedero Arriba” (primera parte)

“El hombre ama entrañablemente el pedazo de terruño donde le tocó nacer. Este le atrae con fuerza magnética y llena su alma de sentimientos que acomodan sus ternuras, esperanzas y nostalgias”. (Don Mariano Lebrón Saviñón. Julio, 1996). Hace más de 15 años, Carlixta comenzó a escribir “La Historia de Comedero”, no solo en el papel, sino, y sobre todo, en las mismas entrañas de la tierra que la vio nacer. Y pese a todas las vicisitudes que ha tenido que afrontar, persevera en la idea de publicarlo. Para muchos es una idea descabellada. Para otros, una de las tantas de Carlixta. Incluso, en el año 1999, logró que le encuadernaran dos libros, tal como estaba el manuscrito en ese entonces. A sus 71 años, esta mujer, con tan solo un octavo curso aprobado, ejemplo para quienes pretendan romper las ataduras de la marginalidad que ha aplastado a nuestros pobladores rurales, sigue con la idea de que se conozca la verdadera historia de su campo, Comedero Arriba, municipio de Cotuí, provincia Sánchez Ramírez. Desea dejar un legado a las jóvenes generaciones rurales de ese lugar. Y plasma en sus escritos quiénes fueron sus primeros pobladores, las primeras transacciones comerciales, la vida social de ese entonces, su religiosidadÖ. Quiere que no se conformen con lo típico: la emigración a las grandes ciudades, sin antes intentar hacer algo por su terruño. Dice que desea ver una respuesta positiva de quienes han emigrado, y son profesionales, comerciantes, amas de casaÖ exitosos y exitosas. Pide que no la dejen sola. Desde muy joven, Carlixta ha intercedido por los más necesitados, levantando su voz de protesta ante las injusticias y atropellos que se cometían en contra de los campesinos de su poblado. Se le reconoce como una especie de “abogada defensora”, que clama por un mejor porvenir para los miembros de su comunidad. Su inquebrantable fe, su esperanza firme y su ardiente caridad hacen de ella una mujer que ha convertido lo cotidiano en extraordinario. Su capacidad humana atraviesa todas las fronteras materiales. Sus propios recursos han devuelto la esperanza a muchas personas que han encontrado en esta mujer a una samaritana. En la década de los 80 no había llegado la energía eléctrica a Comedero Arriba. Carlixta usó una enramada de su casa y una planta eléctrica que servía al colmado de la familia, e invitó a un grupo de mujeres a que asistieran a un “curso de belleza”. Iba a compartir con ellas lo que al respecto había aprendido en La Vega. Como ha sido su costumbre, impartió el curso de manera gratuita. Entre las tantas obras de caridad que ha realizado ha donado solares a familias pobres. Y no se queda ahí. Se une a grupos de campesinos en la construcción de las casas de ellos, y busca la forma de conseguirles los muebles correspondientes. Además, dona de sus ahorros en la cooperativa para ayudar a otros más necesitados. Tanta es su labor altruista que en ocasiones los hijos han tenido que pedir la intervención de la Junta de Vecinos para que no regale las mercancías para la venta del colmado familiar. Desde la década de los 80 se ha visto afectada en su audición. Uno de sus oídos apenas le funciona. Sin embargo, ese problema no se ha convertido en obstáculo para desplegar todas sus energías en las tareas que se ha impuesto. Y una de ellas es terminar el libro que una vez iniciara con tanto amor e interés de seguir sirviendo a sus semejantes. Ojalá que en este año, alguna institución gubernamental o privada haga suyo el sueño de Carlixta. (En la próxima entrega hablaré de otras tantas actividades que ha desplegado esta extraordinaria campesina, a quien profeso una gran admiración).

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