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La República viernes, 29 de abril de 2022

Enfoque

La RD en la postguerra de la invasión a Ucrania

  • La RD en la postguerra de la invasión a Ucrania
José Luis De Ramón

Excepto en el escenario de que se usen armas nucleares (caso en el que todos acabaremos muertos), se evidencian al menos cinco tendencias económicas muy probables tras la invasión rusa a Ucrania, no importa ni cómo ni cuándo acabe el conflicto. Estas tendencias impactarán al país, creando dificultades, pero también nos traen oportunidades.

Entre las que tienen impactos negativos para el país están (1) la reconversión energética de Europa, (2) el aumento en el gasto militar en todo el planeta, (3) la reconstrucción de Ucrania y (4) mayores tasas de interés

Entre las que pueden tener impactos positivos está (5) la priorización en Occidente de políticas promotoras de  “autarquía” productiva y “near shoring”, en detrimento de la globalización.

Crear las fuentes  alternativas de energía (nuclear y renovable) que necesita urgentemente Europa para reducir la dependencia del petróleo y gas rusos,  el rearme militar y la reconstrucción de Ucrania exigen enormes inversiones en infraestructura, que supondrán una demanda adicional por minerales, petróleo y gas también enorme.

Esta demanda incremental ocurrirá en un escenario en el que es difícil que no caiga la oferta: Occidente deliberadamente se abstiene de la oferta tradicional de Rusia y, por lo menos durante los años de transición, necesitará negociar con “países problema”, desde Libia o Argelia hasta Venezuela o Irán.

El resultado esperado es que los precios de estos productos, que importamos en su totalidad, sean muy altos, por un largo periodo de tiempo, con un impacto negativo sustancial para el país: A los precios actuales, las importaciones nacionales estarían por encima del nivel de 2021, en  unos US$2,800 millones por año, aumento equivalente a un 3% del PIB.

Los bancos centrales de los países desarrollados han anunciado aumentos sustanciales de las tasas de interés, en un intento de calmar una tormenta inflacionaria no vista en cuatro décadas. Es esperable también que estos nuevos aumentos de tasas duren varios años, encareciendo nuestra deuda pública y privada.

Ante estas tendencias hay poco que hacer que no implique pérdida del bienestar. El país debe por tanto concentrarse en estudiar y responder a los cambios que genere Occidente en la estructura  de comercio construida durante los últimos treinta años.

Durante la pandemia se manifestó un alza sustancial en los precios de contenedores. Aunque parte de su origen está en el aumento en el consumo de bienes por parte de Occidente, la pandemia puso en evidencia que una cadena de suplido larga y compleja, con China como eslabón esencial, tiene riesgos. 

Depender de China y Rusia ha sido económicamente muy rentable en el pasado. El Covid y  la guerra en Ucrania (que muchos ven como la antesala a una invasión de China a Taiwán), han puesto en evidencia los riesgos comerciales y políticos de esta enorme concentración comercial.

Rusia es poco más que un conveniente suplidor de petróleo, gas y granos, geográficamente cercano a Europa. China es mucho más relevante. Es la segunda economía mundial, está en la frontera de la tecnología y , sobre todo, es parte esencial de la cadena de suplido de una infinidad de productos. Solo en artículos electrónicos, Estados Unidos y Europa importan de China más del 35% de sus necesidades, ya sea para consumo o para fabricar para reexportar.

China está tiene conflictos abiertos con Estados Unidos, relacionados con la propiedad intelectual y el espionaje, que originaron sanciones al comercio durante la administración Trump. China ahora menosprecia el problema inflacionario occidental creando nudos logísticos evitables, cuando ordena el cierre  draconiano de sus puertos, por su política de “cero Covid”, negándose a usar vacunas occidentales.

Aunque graves, estos son problemas superables en ausencia del elemento político. No es tan fácil, sin embargo, para Estados Unidos, digerir el apoyo económico chino a Rusia en la guerra, asumiendo que el problema no se complica con evidencia de apoyo militar. Es razonable esperar políticas públicas en Occidente orientadas a lograr una disminución gradual pero progresiva de su gran dependencia de China.

Aunque en el sector privado se habían oído voces anunciado el final de la globalización, el pasado 21 de abril la Secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet L. Yellen, manifestó sin ambigüedad alguna, la necesidad estratégica de acercar la producción de bienes al territorio norteamericano, aunque sea más costoso. Textualmente ha dicho que “nuestras cadenas de suministro no son seguras y no son resilientes…Creo que eso es … riesgo a largo plazo para Estados Unidos y otros países, que es una amenaza que debe abordarse”…No creo que signifique una inflación permanentemente más alta, sino solo un nivel de costo algo más alto, un sistema algo menos eficiente pero que sea más resiliente”.

Si alguien ha ganado en la globalización hemos sido los países “emergentes” a los que se trasladó la producción industrial a partir de los años ochenta. Estos aumentaron su ingreso real per cápita casi cinco veces más que los países desarrollados.

El éxito económico futuro de RD puede basarse en aprovechar esta oportunidad. El turismo y sobre todo las zonas francas deben sentir pronto el dinamismo de ese acercamiento territorial al que aspira la secretaria Yellen, solo por razones de mercado, y no están lejos políticas de comercio de los Estados Unidos que nos favorezcan.

Creo que debemos ser ambiciosos. La cercanía geográfica, nuestro tratado comercial y las excelentes relaciones diplomáticas con Estados Unidos nos hacen un candidato excelente para aumentos importantes de la inversión norteamericana. Además, con todos sus problemas, nuestro país es envidiable en términos de crecimiento, paz social y estabilidad política en democracia.

Aunque el fracaso de la educación pública limita nuestras aspiraciones de inserción a sectores de tecnología media y alta, siempre podemos derivar beneficios si se crea un cuadro macroeconómico y de política pública más  amable con las exportaciones .

Nuestro reto a mediano plazo es contar con tasas de cambio competitivas y regímenes fiscales que premien la generación de dólares o la generación de empleos, dondequiera que se produzcan y profundizar la desburocratización y el desarrollo institucional.

El país ha sufrido mucho con la pandemia y sufrirá ahora con los efectos de la guerra de Ucrania. Como en todo el planeta, la inflación absorbe la atención de las políticas públicas, fiscales y monetarias. Eso es correcto y necesario para la paz social.

Como los  precios del petróleo, alimentos y minerales van a estar altos por un largo tiempo y como las finanzas públicas no aguantan un quinquenio de subsidios generalizados para combatir estos altos precios, ni se avista una tabla salvadora similar al aumento de las remesas en el pasado reciente, la tabla salvadora para seguir creciendo es  ahora exportar mucho más, bienes y servicios, aprovechando esta oportunidad que trae el “near shoring”.


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